Una bomba de diplomacia

El canto del bíºho: la Unión Europea (UE) festeja que el pasado cónclave del G7 no haya descarrilado como todo hací­a prever tras el arribo “con cara de pocos amigos- del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Biarritz; lo hizo, pegado a su cuenta de Twitter, amenazando a China con más aranceles y ordenando œla salida de todas las empresas estadounidenses del gigante asiático.

La geopolí­tica en los tiempos de Twitter y la nueva diplomacia inequí­voca que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, impuso a golpe de mucha sagacidad con Trump marcaron la agenda del fin de semana del pasado 24 y 25 de agosto.

El delfí­n del Elí­seo ha mostrado la mejor de sus cualidades, cuestionadí­simo adentro de Francia y en medio de una creciente impopularidad aupada por el movimiento social antisistema de los chalecos amarillos, Macron salió como hábil mediador ante el inquilino de la Casa Blanca.

La tarde del domingo 25 de agosto, bajo los claros de la playa de la bella ciudad costera de los Pirineos Atlánticos, se abrieron canales para el entendimiento entre los siete paí­ses miembros del club de las democracias supuestamente más ricas y poderosas del planeta: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Alemania, Canadá y Japón.

Todo el protagonismo orbitó bajo los egos del europeo Macron y el de su contraparte de la Unión Americana, la agenda prácticamente la negociaron ambos en la comida que tuvieron a solas el sábado 24 de agosto; el Elí­seo eligió un sitio paradisí­aco al aire libre bajo el suave viento y la brisa marina para que, en medio de una plácida comida, Trump y Macron discutieran una serie de temas espinosí­simos.

Hablaron de la conocida tasa Google o GAFA por Google, Amazon, Facebook y Apple que grava en Francia a estos gigantes desde el pasado mes de julio con un 3% sobre de los ingresos por servicios digitales realizados en territorio galo y para empresas que facturen anualmente más de 750 millones de euros en todo el mundo y superiores a los 25 millones de euros en Francia.

En contrapartida, Trump habí­a amenazado con anunciar en Biarritz o dí­as después del cónclave, la imposición de una tasa arancelaria para los vinos franceses que provocó la respuesta anticipada de Donald Tusk, presidente saliente del Consejo Europeo, advirtiendo que si œEstados Unidos grava a los vinos franceses, la UE responderá en bloque defendiéndolos al tiempo que cuestionó œlo absurdo de implementar una guerra comercial innecesaria.

Macron, para desactivar el amago norteamericano, le ofreció a Trump trabajar juntos para encontrar una fiscalidad internacional justa para las grandes empresas del sector de la tecnologí­a y que pase por el mecanismo de la OCDE en 2020.

Además, se comprometió a que una vez esté en desarrollo, devolverá la diferencia entre el 3% y la tasa internacional resultante a las empresas tecnológicas, algo que el mandatario estadounidense vio con buenos ojos; y, en consecuencia eliminará su tasa Google para adoptar la nueva fiscalidad internacional.

Desactivada esta primera granada de mano, el segundo aspecto a tratar fue más polite porque ambos paí­ses convergen a favor de una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Bajo esa coincidencia, Trump y Macron, consideran que el organismo regulador del comercio mundial está desfasado, que ha sido arrollado no solo por míºltiples conflictivas reales entre diversos paí­ses que buscan defender sus propios intereses locales ante la competencia foránea sino que la era digital con la explosión del comercio digital no está del todo contenido en las bases de la OMC.

Ambos pretenden un mayor esfuerzo en pro de proteger la propiedad intelectual, queja recurrente del inquilino de la Casa Blanca que acusa abiertamente a China de robo de propiedad intelectual.

Con Francia y Estados Unidos de acuerdo, Japón asintió en el mismo sentido así­ como Canadá, Reino Unido, Alemania e Italia, todos a favor de modernizar y readecuar a la OMC; prácticamente Trump ha dicho que œo se renueva o la deja morir.

A COLACIí“N

Sin dudas, el mayor golpe de efecto del savoir faire de Macron ha sido el as de la manga de invitar al ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Javad Zarif, para hacer acto de presencia “aunque sea unas horas del domingo- en la cumbre del G7; por supuesto lo comunicó anticipadamente a Trump en dicha comida distendida de un dí­a antes: le manifestó que le permitiese mediar entre él y el mandatario iraní­ Hasán Rohan퍦 que le gustarí­a organizarles un encuentro para que hablaran.

Lo realmente espectacular hubiese sido que Trump recibiera el gesto de la visita de Zarif respondiéndole con una (aunque fuese breve) reunión para escucharlo¦ eso sí­, todo mundo celebra que no tronó el cuete, que se lo tomó con calma y no abandonó indignado Biarritz por el invitado sorpresa de Macron. Con Trump NO puede haber sorpresas, se lo dijo y lo aceptó, pero dejó claro que no se reunirí­a con él œporque es demasiado pronto. ¿Pronto para qué? Quizá desea tenernos a todos colgados del culebrón de la Casa Blanca y sus intenciones bélicas para con Irán. Macron ha sembrado una semilla de esperanza, esperemos que Trump, no la pudra con su bipolaridad.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales