˜Café Alicia™, 60 años de tradición que se niegan a desaparecer

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-A lo largo de casi 60 años, el Café Alicia, ubicado a unos metros del puente internacional uno, sobrevive más por costumbre y tradición, que por ser un negocio rentable, aunque en sus mejores tiempo fue el centro de reunión de personajes de la alta esfera polí­tica y social de la ciudad, así­ como de artistas nacionales que le dieron la fama y el prestigio que poco a poco se esfuma con el tiempo y se hunde en el recuerdo.

Por su estratégica ubicación y el trato amable de su propietaria, Margarita Gutiérrez, al Café Alicia llegaban lo mismo los abundantes turistas de Texas y algunos lugares de Estados Unidos y de México, como polí­ticos, actores, cantantes y cómicos de renombre nacional e internacional, los que hicieron de esta peculiar cafeterí­a, el lugar ideal para la plática, los negocios y los romances.

Originaria de la ciudad de México, Margarita llegó a Nuevo Laredo a la edad de 19 años, ya casada y con un hijo, y aunque el cambio de ciudad fue drástico, poco a poco se acostumbró a la vida nocturna y alegre que en las décadas de los años 60 y 70 la habí­an bautizado como ˜Las Vegas™ de la frontera mexicana, un lugar de un constante ir y venir de miles de personas que se divertí­an en los diferentes centros nocturnos y bares que abundaban en este sector de la ciudad.

Pero Margarita no inició con el negocio, era de una mujer a quien se le conocí­a como ˜La Muñeca™, quien se lo vendió posteriormente a su suegro y un compadre suyo, pero después pasó a ser propiedad de su suegro, cuando el café tení­a 10 años de haber abierto sus puertas, en 1954, pero cuando murió en octubre de 1981, fue dueña del negocio al haberlo comprado su esposo ya fallecido también.

Antes de ello, su esposo era dueño de ˜Los Famosos 20s™, y le dio la opción de quedarse con este negocio o con el café. Y se decidió por la cafeterí­a.

Desde entonces poco ha cambiado de esta vieja cafeterí­a-restaurante. Aíºn conserva una barra de concreto y vitro vidrio, una vieja rockola que está en venta en uno de los rincones, las resistentes mesas de madera, y decenas de fotografí­a de artistas, cantantes y cómicos que entraron a tomar un café, a charlar, o a comer la especialidad de la casa en ese entonces, que era la sopa de médula, algo que ya no se cocina porque como dice Margarita, œla gente ya no la conoce ni la sabe comer, por lo que dejamos de hacerla.

La entrevista ocurre justo en una de esas viejas mesas, y para corroborar su resistencia, Margarita da un golpe en ella, sin que la vieja madera se cimbre, lo que motivó que ambos soltaran una carcajada.
Quienes pasan por el lugar no conocen ni su fama ni su gloria de antaño. Es solo una cafeterí­a más, por lo que pasan de largo, y si acaso levantan un poco la vista se darán cuenta que por encima de la puerta de vidrio cuelga un anuncio no muy viejo pero detallista en madera, con el nombre de esta prestigiada cafeterí­a.

Quizás sea de los pocos negocios que han sobrevivido a los vaivenes del tiempo y de las constantes crisis económicas que obligó a que cerca de 100 negocios instalados a lo largo de la avenida Guerrero, desde el puente internacional hasta la avenida Héroe de Nacatáz, hayan cerrado sus puertas.

Como en Las Vegas

En la década de los años 60, cuando Margarita llegó a la ciudad, Nuevo Laredo era un lugar pequeño y sin muchos atractivos, pero el sector centro era lugar de mucha atracción porque abundaban los centros nocturnos, los bares y habí­a mucha diversión.

œEra bonito¦era bonito¦haga de cuenta que estábamos en Las Vegas, porque no habí­a nada que envidiarle a ese lugar porque tení­amos todo tipo de diversión para todos los gustos y las edades, y no envidiábamos para nada a Las Vegas, señala con tono de emoción al evocar los años gloriosos de Nuevo Laredo y de su cafeterí­a.

Y es que en este privilegiado sector de la ciudad, durante los años 60™s estaban algunos centros nocturnos a los que llegaban artistas y cantantes nacionales a presentar sus espectáculos, sin necesidad de ir a Las Vegas o a la ciudad de México. Aquí­ estaba la diversión nacional e internacional, a unos cuantos pasos de Estados Unidos.

Recuerda Margarita con mucha lucidez los centros nocturnos ˜La Roca™, ˜Shamrock™, ˜El Capri™, ˜El Hawaian™, ˜Rafael™, ˜Los fabulosos 20s™, ˜La Mansión™ y otros lugares que escapan a su memoria pero que ofrecí­an espectáculos de primer nivel, y que habí­an convertido a Nuevo Laredo en centro de atracción para los turistas nacionales e internacionales, en parte porque en la vecina Laredo estaba instalada la Base Aérea militar.

œEra mucha la gente que vení­a a divertirse, y decí­an que para que iban a Dallas o a Las Vegas si Nuevo Laredo tení­a toda la diversión”, explica al reportero mientras sus ojos brillan al recordar esos tiempos en que la cafeterí­a viví­a sus mejores momentos con las mesas siempre llenas y largas filas esperando ingresar, ya que estaba abierto las 24 horas del dí­a.

Los artistas que llegaban a los ˜shows™ y a los bares llegaban al café y siempre estaba lleno, aunque era más estrecho de cómo es ahora, porque habí­a una neverí­a que estaba en uno de los extremos.

Pero la cafeterí­a ya era famosa para los choferes de los camiones foráneos, ya que la terminal de Transportes Frontera estaba justo frente al puente internacional, y pasajeros y conductores conocí­an la cafeterí­a porque todos se conocí­an gracias a la tranquilidad que reinaba en la ciudad.

Fueron muchos años de gloria tanto de la ciudad como del Café Alicia, la que terminó al iniciar los años 90s, cuando iniciaba la inseguridad y la tranquilidad se perdí­a poco a poco œporque no habí­a gente mala¦todos nos conocí­amos y cuando habí­a una fiesta todo el pueblo acudí­a, recuerda.

Las ˜chiveras™ y ˜El Gabo™

Toda la actividad de la ciudad estaba en el sector centro, comercios, bares, restaurantes, centros nocturnos y ˜chiveras™ o personas dedicadas al contrabando de ropa usada y artí­culos de contrabando hormiga, las que ingresaban al café para esperar a sus clientes o familiares que pasaban sus mercancí­as ofreciendo una pequeña cuota a los agentes del extinto Resguardo Aduanal.

œAquí­ vení­an a esperar y para hacer sus transacciones, pero también vení­an los agentes aduanales para comer o cenar, y llegaban muchos famosos para hacer negocios.

Recuerda que al café llegó el famoso escritor colombiano, Gabriel Garcí­a Márquez en 1961, y que al entrar le pidió a Margarita que le calentara un rico mole que tanto le gustaba.

Casi todas las artistas llegaban al café, y llegaban bonitas y bien arregladas œporque les gustaba ser la atracción para los hombres, y la gente pagaba lo que fuera con tal de tener un local en la avenida Guerrero, explica.

Muestra al reportero algunas de las fotos que penden de las paredes; algunas que recuerda ya no están porque se las robaron, dice con enfado y gracia, y se levanta para mostrar una por una, e identifica no a todos porque el tiempo borró de su memoria nombres, datos y fechas.

Los famosos y la crisis

œYa se han robado muchas fotos que tení­amos, y la íºltima que se llevaron fue la de Yolanda Montes, dice en trono conformista mientras señala el vació espacio en la pared en donde estaba colocada la fotografí­a de la artista mejor conocida como ˜Tongolele™, famosa por su exótica belleza y por su bailes sensuales, cuando se presentaba en el ˜Shamrock™.

También visitaron el ˜Café Alicia™ cantantes como Gloria Laso, Marí­a Conesa ˜La Gatita Blanca™, Marí­a Griver, Pedro Vargas, Pepe Jara, Julio Alemán, Tito Guí­sar y otros famosos de la época.

œTodos llegan aquí­ de manera muy sencilla porque platicaban con la gente que los recibí­a muy bien, pero las cosas han cambiado mucho y las cosas se han vuelto muy feas, señala con melancolí­a al recordar los tiempos de gloria ya idos y que quizás nunca volverá a ver.

Por tal razón pensó varias veces en cerrar el negocio, porque la inseguridad empezaba a ahuyentar al turista y los negocios cerraban sus puertas, pero no lo hizo porque la tradición de seguir con este lugar, ya es parte de su vida y de la historia de la ciudad.

Además, dijo que al terminar los buenos tiempos, la gente dejó de acudir a su negocio, mientras que los impuestos y los gastos de mantenimiento eran muchos, por lo que despidió a sus empleados y solo se quedó con dos.

Fue a fines de los años 90, cuando el eso se devaluó, la inseguridad creció y el turista dejó de visitar la ciudad.

Margarita se levanta del asiento y se detiene a un lado de un viejo cartel que anuncia una corrida de toros fechada en 1962 en la plaza de toros ˜México, en donde manolo Martí­nez, el famoso ˜Cordobés™, harí­a gala de su arte y habilidades taurinas.

Luego sale a la banqueta y posa para la fotografí­a, a un lado del famoso anuncio de su negocio, el Café Alicia, pero dice que ahora œla maldad se ha multiplicado, pero no tengo miedo, aunque ya no se conoce a la gente, y ahora entra al café la gente que no cruza a Estados Unidos y los espera aquí­, así­ como la gente ˜flotante™ y uno que otro que recuerda que vení­a cuando eran niños, pero personajes famosos ya no vienen, explica con melancolí­a y tristeza al recordar los tiempos buenos que tal vez nunca regresen a su cafeterí­a, ni a la ciudad.

œMi negocio es para mí­ como un hijo, y se quiere como se quiere a un hijo. ¿Cómo lo voy a cerrar si hay mucha gente bonita y muy educada que aíºn viene?, cuestiona.