Reynosa, Tam.-Durante muchos años fue catalogada como uno de los tramos carreteros más peligrosos entre Reynosa y la Ribereña, de hecho fueron incontables vidas las que se perdieron en ella a causa de accidentes viales y otros percances ocurridos por causa de su compleja circulación.
Hace unos cuantos años, por causa de la ampliación de la Carretera Ribereña se decidió suprimir la circulación en la temida Curva œEl Morillo y hoy ante la falta de uso, ya luce los signos del deterioro del tiempo, los arboles ya œarañan lo que fueron carriles de circulación y la maleza se apodera del asfalto.
Desde su inicio a la altura del Panteón œEl Refugio en la carretera ribereña, rodeando el centro recreativo œDoña Litha. La Curva œEl Morillo luce desierta y solo se alcanza a escuchar el aire meciéndose entre los árboles, algunas coronas y cruces en el tramo de casi 2 kilómetros se empiezan a cubrir de la maleza que todo lo invade.
En dicho tramo carretero del poniente de la ciudad se han entretejido muchas historias que hoy forman parte del anecdotario de los pobladores cercanos a la misma. Quienes fielmente las van pasando a las nuevas generaciones como una suerte de dogma de fe. Como si al contarles dieran validez al testimonio transmitido a su vez de boca en boca por muchos años.
Se dice que por las noches se puede apreciar ayes de dolor y gritos de presuntas víctimas de alguno de los muchos trágicos accidentes que durante mucho tiempo se registraron. Nadie se atreve a deambular por el rumbo y mucho menos a solas.
Cuentan que en ocasiones hay versiones de almas en pena que vagan atrapadas aun en el mundo terrenal y que no pueden trascender por causa de la trágica muerte que sufrieron y que es motivo de su penar.
Hace muchos años cuando el ex presidente municipal de Reynosa Don Rodolfo Garza Cantíº (qepd), permitió y de hecho avaló la idea de que se construyera un altar dedicado a la Virgen de San Juan de Los Lagos, hombre de arraigada filiación religiosa, apoyó la construcción y para ello cedió un tramo de sus propiedad y dejar para la posteridad el sitio de culto y veneración que hoy es: La Virgen del Morillo.
Sin embargo, de manera alterna al punto de concentración religioso, otra leyenda se ha edificado y que es la que mayormente concentra la atención de los lugareños aledaños al paraje.
La carretera ribereña, ha sido trágica en muchas etapas de la historia reciente, ha sido protagonista de sangrientos accidentes, en donde muchas personas de todas las edades han perdido la vida.
Oscuridad y falta de señalamientos, así como la precaución han sido factores esenciales para darle a la Curva del Morillo, la fama de mortal que ha acumulado en estos años.
Precisamente en el tramo que inicia del Centro Recreativo œDoña Litha propiedad de la Familia Garza Peña, hasta cruzar el Drén El Morillo, la muerte ha tenido un santuario, en donde ha recogido la vida de muchos.
A un costado del citado tramo peligroso vial, se encuentra la Virgen del Morillo y es ahí donde el folclore popular ha volcado la creencia y rendir tributo a familiares, amigos que han perdido la vida en el asfalto que corre implacable.
Por los alrededores de la Virgen del Morillo, se observan ofrendas como fotografías y ropa, así como artículos que fueron propiedad de los difuntos.
Como un rito pagano, se venera el recuerdo de los muertos con algunas de sus prendas que son ofrendadas a la Virgen de San Juan de Los Lagos, una muestra de devoción y fe que no tiene par.
Las familias del Ejido Cavazos, cercano a la Virgen del Morillo, cada noche son asaltados por la duda y el misterio: ¿Quién enciende las veladoras que síºbitamente están prendidas y que pareciera que œalguien lo hace, el asunto es que nadie sabe quién es.
Litha Garza Peña, hija de Don Rodolfo Garza, parece tener la respuesta, del mantenimiento y limpieza del santuario se encarga un señor, pero no precisa exactamente de quien se trata, es alguien que ha trabajado para la familia desde hace mucho tiempo.
Empero, la labor que ese samaritano, debe dejarlo exhausto cada noche, pues encender alrededor de un centenar de veladoras no es para menos, amén de la limpieza y conservación de las ofrendas, ropa, calzado, fotos, artículos diversos, toda una hazaña, aíºn más cuando en días de lluvia y viento, las veladoras prevalecen encendidas como si nada, tal como un pacto de respeto e inmunidad de la naturaleza con la Virgen del Morillo.
No han sido pocos los testimonios recogidos de lugares y automovilistas que por las noches oscuras y de Luna, de pronto aparecen figuras difusas por el santuario e incluso por la Carretera.
Muchas historias de fantasmas y aparecidos se han tejido, se habla del caso de una joven novia, que no llegó a casarse, pues murió en un accidente automovilístico en el rumbo, al igual que muchos más.
Unos desafortunados trabajadores que venían de la maquiladora y cuya unidad en que viajaban se volcó muriendo más de una decena de ellos, entre las tierras del monte y el cerro del Morillo, se pueden observar recuerdos de aquella tragedia.
Algunos dicen que cuando pasan por las noches, por ahí se escuchan lamentos y alaridos de dolor, se observan sus almas en pena, dicen los lugareños que son creyentes a rabiar y respetuosos de los hechos que solo Dios sabe, dicen.
Hoy ya nadie circula por ella, no hay necesidad con la nueva carretera y el tiempo sigue pasando y parece que de la peligrosa curva œEl Morillo solamente quedaran los recuerdos de los muchos accidentes mortales ocurridos.
Y como una sentencia para este tramo carretero en el olvido, se cumple una condena que jamás ha fallado: œAl final la naturaleza siempre recupera, lo que inicialmente le fue arrebatado. En alusión al progreso y modernismo que hace muchos hubo con su construcción, pero que hoy no es más que un recuerdo más.


