La semana pasada hablé con Liberto Carratalá, miembro de la Federación Española de Sociología, al respecto de las expresiones de violencia callejera observadas en algunos países de Europa, de Asia y de América Latina.
Por ejemplo, la turba en Cataluña se ha dejado sentir tras dictar sentencia el Tribunal Supremo con penas de 9 a 13 años de prisión a los políticos presos participantes en el referendo independentista ilegal del 1 de octubre de 2017.
Hasta el momento hay una estela de 600 heridos, 200 detenciones, 28 encarcelados, daños por 3.1 millones de euros; más de mil contenedores quemados, junto con árboles, míºltiples destrozos a la propiedad privada y píºblica; daños en las vías de comunicación y 6 mil 400 metros cuadrados de pavimento destrozado. En varias jornadas de violencia se intentó volar una gasolinera y prender fuego a edificios.
A este respecto, Carratalá me explicó que no cree que la raíz de dicha sentencia sea el detonante œporque esto viene de mucho tiempo atrás tanto con Cataluña como con el País Vasco.
œLo que pasa es que en otros tiempos el País Vasco o Euskadi era un espacio de conflictividad máxima. El caso catalán se parece al vasco porque posiblemente tiene unas reivindicaciones similares como es la autonomía¦ la segregación o independencia del territorio español; pero optaron por caminos diferentes, Cataluña emprendió una vía más política, me comentó el académico de la Universidad de Alicante.
Cataluña, añadió Carratalá, se ha visto œun poco frustrada en sus aspiraciones y œse ha cocido a fuego lento toda una situación de conflictividad que ha estallado con la declaración de la independencia transitoria algo que duró cinco minutos.
œPero que ponía de manifiesto el descontento generalizado de una parte importante de la sociedad catalana, el hecho de que participaran 2 millones de personas en un referendo las cifras hablan por sí solas como las marchas con las convocatorias píºblicas, destacó.
De los otros altercados internacionales registrado en los íºltimos meses en diversos países, el sociólogo analiza que œvivimos tiempos convulsos aunque las raíces de los problemas son distintas en cada nación.
œTomando como base el combate activo en la calle de las personas que defienden una idea y que ven frustrada sus expectativas y anhelos, sí podemos decir que todo este clima de convulsión tiene un denominador comíºn: la crisis económica¦ hay una pérdida de derechos por parte de muchos ciudadanos, argumentó.
A COLACIí“N
La actual etapa de transición global no facilita el entendimiento entre las demandas de las masas y el quehacer gubernamental en medio además persiste una crisis de representación popular.
La gente, agregó Carratalá, siente mucha incertidumbre no sabe si œiremos a peor o a mejor eso hace que se ponga nerviosa, que exprese esa incertidumbre, todas sus dudas y esa confusión de una manera violenta.
Le comenté al experto español que hay una mayoría de millennials en todas las protestas de Reino Unido, Francia, Ecuador, Chile, Hong Kong a lo que me respondió: œYo he participado en diversos estudios con jóvenes en España y en la UE. Cuando vemos una protesta a favor del medio ambiente se ve la imagen de una persona joven abanderando ese movimiento; es algo que les preocupa bastante porque es transversal en todas las sociedades es un problema planetario y lógicamente son las acciones que más atención reciben por parte de los medios de comunicación. Los jóvenes se preocupan por ello y son creativos e independientes
Los millennials, recalcó Carratalá, abanderan muchos cambios: œEllos no tienen interés en la forma cómo se hace política aunque sí tienen interés en la política. Pueden participar en manifestaciones o campañas de boicot de alimentos, para consumir unos productos en vez de otros, es una forma de activismo político diferente a la de ir a votar a una urna.
A diferencia de 1960 a 1970 con sus protestas sociales, en las actuales las redes sociales juegan un papel clave: œDefinitivamente, en la Primavera írabe las redes sociales jugaron un papel importantísimo en la difusión de convocatorias, manifestaciones, de lo que estaba ocurriendo en el momento¦ es un elemento dinamizador, no impulsor; las ganas de querer manifestarse está en la población allí está ese impulso.
Las redes sociales, me dijo Carratalá, han conseguido poner en contacto a personas que comparten esas ganas por manifestarse y en segundo término, han servido de potenciador de las manifestaciones.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales