Sin luz al final del tíºnel

-Guerra y paz, malos antí­dotos
-Cunde el mal ejemplo sinaloense
-Asombra el optimismo de López Obrador

LO dicho. Tal parece que ni la guerra frontal ni el amor y paz son las fórmulas adecuadas para detener la violencia que se padece en gran parte del territorio nacional.

A juzgar por los resultados, ni la orden de FELIPE CALDERí“N HINOJOSA que sacó a los militares de sus cuarteles, ni el repliegue ordenado por ANDRí‰S MANUEL Lí“PEZ OBRADOR, han logrado inhibir las acciones del crimen organizado.

Durante el œcalderonato fueron comunes los enfrentamientos entre las fuerzas federales y células de los cárteles de las drogas, sin que la acción del gobierno panista haya logrado controlar la situación y ofrecer la seguridad que tanto anhela la sociedad azteca.

Durante los once meses del œlopezobradorismo los resultados no son nada halagadores y, por el contrario, el crimen organizado ha encontrado una nueva forma para evadir la acción de la justicia.

Lo ocurrido en Culiacán, Sinaloa, es un episodio nuevo en la historia del México moderno, sin que quiera decir que no existan antecedentes similares en el combate a los grupos delictivos.

Sin embargo, la forma de claudicar y el reconocimiento del Gabinete de Seguridad en el gobierno de la Cuarta Transformación hacen la diferencia.

Y, peor aíºn, porque el ejemplo del narco sinaloense tiende a extenderse a otras latitudes de la geografí­a mexicana, durante operativos para localizar y detener a cabecillas de distintas células del narcotráfico.

En el municipio Salvador Escalante, Michoacán, alrededor de 50 sicarios fuertemente armados impidieron el arresto de su lí­der apodado œEL Camaleón, quien ordenó quemar casas-habitación, vehí­culos y colocar barricadas.

Agentes estatales michoacanos decidieron suspender el operativo, para impedir mayores daños fí­sicos y materiales en contra de la población civil.

El informe policial indica que œEl Camaleón lidera un grupo del crimen organizado que controla los municipios Salvador Escalante, Pátzcuaro y La Huetama, allá en la región conocida como Tierra Caliente, en el estado de Michoacán.

Apenas el pasado 14 de octubre, en el municipio Aguililla, de esa entidad federativa, sicarios fuertemente armados y a bordo de vehí­culos blindados emboscaron un convoy integrado por agentes estatales, asesinando a 13 elementos.

Independientemente de responsabilidades y causales del grave problema de inseguridad y violencia, lo íºnico cien por ciento real es que el combate frontal y œel amor y paz no son los antí­dotos necesarios para someter al crimen organizado.

Llama la atención el optimismo y seguridad con que el presidente Lí“PEZ OBRADOR afirma que la pacificación se reflejará durante su sexenio, con todo y que œse acabó la guerra.

En Ixmiquilpan, estado de Hidalgo, también salta a la vista la impunidad con que opera el llamado Cártel de Jalisco Nueva Generación. Mediante mantas exigen a las policí­as estatal y municipal que se mantengan al margen de la œlimpia de delincuentes que están realizando en esa municipalidad.

Es innegable que ese grave problema que enfrenta el paí­s no nace en la Cuarta Transformación. Sin embargo, también es una verdad de a kilo que en ese escabroso tema no se ve la luz al final del tíºnel.

En Guanajuato, por ejemplo, no se ve cómo le hará el gobierno Federal para localizar y detener a quien encabeza el œCártel de Santa Rosa, apodado œEL Marro.

Con algunas válvulas cerradas que evitan el robo de combustible, el sujeto de marras mantiene asolado a empresarios y comerciantes, mediante el cobro por œderecho de piso.

A pesar de los pesares, no queda otro remedio más que confiar en el optimismo del presidente ANDRí‰S MANUEL Lí“PEZ OBRADOR para lograr la pacificación en el paí­s.

Y hasta la próxima.
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