México bronco

La noticia ha dado la vuelta por completo a toda Europa: œAtentan contra el máximo responsable de Seguridad de la Ciudad de México y se atribuye la responsabilidad a un cártel de la droga.

Justo uno de tantos que dominan el panorama nacional, el propio Omar Garcí­a Harfuch, herido en la refriega confirma que el cártel Jalisco Nueva Generación lanzó la mortal andanada en su contra.

La imagen de la camioneta œblindada perforada con metralla de alto calibre es signo cruel de los tiempos de un México convulso devorado por la ambición del control de la droga y de su trasiego; qué lejos quedan aquellos tiempos de la década de 1980 cuando se miraba a Colombia descompuesta por el terror sembrado por las mafias de la droga infiltradas a tal punto que condicionaban o hasta asesinaban -recordemos a Luis Carlos Galán- presidentes y candidatos a la Presidencia.

Nadie querí­a verse reflejado en ese espejo, pero las mafias mexicanas estaban ya preparando su salto al mercado internacional y para eso habí­a que quitarle el sitio a sus contrapartes colombianos tanto en Estados Unidos como en Europa.

En la medida que éstos han ido haciéndose más fuertes, México como Estado se ha ido debilitando cada vez más a merced de grupos fuertemente armados. Basta ver cómo perforaron una camioneta de un funcionario con un blindaje importante.

El atentado contra Garcí­a Harfuch es un telegrama con un sello de terror, una amenaza explí­cita no sólo al gobierno de la Ciudad de México que encabeza Claudia Sheinbaum sino también contra el propio mandatario Andrés Manuel López Obrador quien con su benevolencia mostrada hacia El Chapo Guzmán en esos acercamientos con sus familiares directos ha sembrado no solo celos y recelos sino más discordias entre cárteles de la droga que no son amigos entre sí­, sino competidores, de mercados.

Era de esperarse, un dignatario no puede dar un muestra de tibieza y menos ante grupos que tienen poder bélico, económico, territorial y que son enemigos al acecho¦ la lógica es muy simple, ¿por qué uno si y otros no?

¿Qué han hablado además el presidente López Obrador con los familiares de El Chapo? ¿Qué ha ofrecido? ¿Por qué una reunión directa y sin intermediarios?

Algo de la actitud del presidente está molestando a ese avispero, la reacción es un sí­ntoma evidente so pena de señalar que, lamentablemente, México y los mexicanos figuran en el extranjero como rehenes de los capos de la droga; y el Estado se ve, a lo lejos, rebasado por el culmen de problemas: a los de toda la vida, se añaden la lucha contra la pandemia, la urgencia sanitaria, los daños colaterales económicos y la continua amenaza contra la vida de las personas que ejercen su libertad de expresión junto con las elevadas cifras de ciudadanos secuestrados y asesinados.

A COLACIí“N

Decí­a el general Porfirio Dí­az que, para alcanzar el progreso, primero habí­a que pacificar y tener el control del paí­s en manos de gavillas: un extenso territorio de 1 millón 964 mil 375 kilómetros cuadrados¦ se trata del decimotercer paí­s más extenso del mundo.

Un esfuerzo titánico sobre todo para un gobierno con un poder centralizado, después de la Revolución Mexicana costó igualmente tiempo desarmar a decenas de grupos armados, domar al México bronco y meterlo en la era de las instituciones y de un nuevo Estado que, digámoslo tuvo una paz duradera con algunos paréntesis como el asesinato del presidente electo ílvaro Obregón en 1928; la muerte en extrañas circunstancias de Maximino ívila Camacho en 1945; y de Luis Donaldo Colosio, candidato por el PRI a la Presidencia en 1994, un atentado que bien podrí­a atribuirse a la esfera del poder más que a una guerra entre cárteles.

Nebulosa es la muerte de Juan Camilo Mouriño, en 2008, uno de los hombres más cercanos al entonces presidente, Felipe Calderón, quien le declaró œla guerra a los cárteles de la droga.

Es digamos, un parteaguas, porque se aceleró la caí­da de México en picada en las garras de la violencia, de la inseguridad, de los asesinatos y los cadáveres desmembrados colgando para amedrentar a la población y a los guardias de seguridad.

¿Cómo salvar a México? La íºnica forma es con un Estado de Derecho fuerte como un roble, sin medias tintas, con fuerzas de seguridad incorruptibles y autoridades luchando contra la impunidad; y leyes más severas, hace tiempo debió frenarse el creciente tráfico de armas, ahora hay que desarmar a esos grupos¦ debe encontrarse un camino certero para pacificar y recuperar al paí­s.