Angela Merkel ha sabido construir su propia imagen y dejar su herencia; comparada al principio con la primera ministra británica, Margaret Thatcher, a quien se apodaba “la dama de hierro”, la canciller germana se ha labrado una personalidad política mesurada, conciliadora pero al mismo tiempo impositiva.
Con la Unión Europea (UE), el eje Berlín y París, ha sido siempre crucial para marcar la agenda de Bruselas; en la larga crisis de 2008, con Grecia sobre todo al borde de la bancarrota, fue Merkel quien propuso un rescate a cambio de una serie de reajustes severos en la economía helena.
En su particular visión de la austeridad, Merkel lo es también en su vida matrimonial y personal, ha salpicado prácticamente todo su ejercicio de gobierno en 16 años… y ha trascendido fronteras trasladándola hacia muchas de las decisiones económicas y financieras de la UE.
Un éxito de Merkel es dejar al frente de la Comisión Europea, como su presidenta, a Ursula von der Leyen, ella fungió como ministra de Defensa (2013 a 2019) de su gobierno y es miembro de la CDU.
No son pocas las preocupaciones con las que se marcha Merkel, una muy sensible: la relación de Alemania con la Rusia de Vladimir Putin con el gasoducto Nord Stream 2 que se vertebra por el mar desde Viborg, Rusia hasta Greifswald, Alemania.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, amagó hace un par de meses con sancionar a Alemania por continuar con el gasoducto de la discordia que hace a un lado a Ucrania y que, a su juicio, solo traerá mayor dependencia de Europa hacia las políticas del Kremlin.
El 16 de julio pasado, Merkel viajó a Washington para reunirse con Biden, el tema en la mesa precisamente el gasoducto: al menos la canciller logró que su homólogo estadounidense exima de sanciones a la empresa constructora del gasoducto que Trump en su momento castigó.
Casi un mes después, la canciller ha viajado a Moscú, ya la esperaba Putin con un tradicional ramo de flores para darle la bienvenida. Un viaje de despedida, Merkel y Putin, se han encontrado varias veces en los últimos tres quinquenios son viejos conocidos aunque los separa la anexión de Crimea, los conflictos bélicos con Ucrania y el tema de los derechos humanos. Putin se queda sin su mejor mediadora ante las feroces amenazas de más sanciones de varios países de la UE.
Dentro de todos los cientos de viajes y reuniones que protagonizó la canciller, dos se recuerdan especialmente: la primera, sucedió en el marco del G20 en Cannes, Francia en noviembre de 2011; ella terminó llorando en medio de un encuentro con los presidentes de Francia, Nicolás Sarkozy y Barack Obama, por Estados Unidos, dado que proponían que los Derechos Especiales de Giro (DEG) fuesen utilizados para detener la sangría de Italia y de Grecia y así evitar la ruptura del euro.
Merkel no se esperaba lo que la prensa calificó de “encerrona” porque su plan de rescate era distinto. La imagen del presidente Obama abrazándola para consolarla queda para la posteridad.
La otra, la protagonizó ella misma en primera plana, en la cumbre del G7 en Charlevoix, Canadá en 2018. Mientras el entonces presidente Trump permanece sentado con los brazos cruzados, Merkel está de frente con los brazos encima de la mesa acompañada de otros líderes mundiales en una especie de lenguaje corporal como llamando a cuentas a un mal encarado Trump.
A COLACIÓN
Las próximas elecciones generales en Alemania, del 26 de septiembre, serán cruciales no solo para la nación germana lo serán igualmente para una Unión Europea (UE) taciturna a la que casi siempre le cuesta entenderse tanto en las buenas como en las malas. Merkel ha sido el faro guía.
La canciller que, acumula 16 años en el ejercicio de sus funciones, ha decidido no presentarse a una quinta reelección, tras entender lo que la vox pópuli ha querido decirle en las últimas elecciones regionales con el batacazo de su partido la CDU.
Saberse ir a tiempo es casi siempre la principal miopía de muchos políticos que llegan a la miel del poder y no quieren desprenderse de ella… es muy fácil tener todos los reflectores encima hay quienes inclusive, se sienten mesías –casi predetestinados– y creen que sin su magna aura al frente, el país será un fracaso descarriado. Merkel se va y con ella se cierra una época en Alemania y en la UE, pobre del país germano tan cerca de la ultraderecha y del fantasma del nazismo.