Tener a la ciudadanía, sobre todo a los empleados federales, al borde del abismo cada vez que no se entienden los demócratas y republicanos para aprobar una ley o fundamentalmente subir el techo de la deuda me parece absolutamente anacrónico. A veces no entiendo a la democracia estadounidense.
Recuerdo las alabanzas hace años atrás de politólogos que, en México, pretendían obcecadamente convencer a la vox pópuli de las bondades de imitar al bipartidismo de la Unión Americana. De la defensa férrea que hacían en varios medios de comunicación buscando extrapolar el modelo político del vecino del norte a la realidad azteca.
Algunos rumores se desataron al respecto en tiempos del sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, ¿qué pasaría en México si solo hubiese dos o tres partidos y no más? La justificación que daban sobre todo recaía más en temas de finanzas, del ahorro en costos, en tener menos partidos a los que financiar y también menos congresistas que mantener porque, de hecho, se planteaba una reducción en el número de diputados y senadores.
Al final pasó el tiempo y nunca prosperó la idea… quedó en eso en una idea. Lo peor que puede hacer la política y la democracia mexicana es imitar moldes y modelos de otros países porque no hay una democracia perfecta pero si perfectible.
El bipartidismo norteamericano todo lo fagocita y se enfanga muy rápido no hay otro, ni otros con los que pactar, lo que dificulta aspectos torales como la simple aprobación del Presupuesto.
Estos días, el presidente Joe Biden, suda sangre y lágrimas, porque los republicanos lo tienen bloqueado a pesar de que los demócratas son mayoría necesitan votos republicanos para, por ejemplo, aprobar la modificación del techo de la deuda.
A menos de veinticuatro horas para comenzar otro ciclo fiscal, sin el nuevo marco de ingreso-gasto aprobado, el Senado votó una especie de balón de oxígeno momentáneo para dar tiempo, hasta el 3 de diciembre próximo, a demócratas y a republicanos para avanzar en las negociaciones sin paralizar ni las actividades del gobierno, ni afectar a la economía.
La iniciativa permite financiar, solo hasta esa fecha, todas las actividades del gobierno. Biden, su equipo y los congresistas demócratas tienen poco más de dos meses para primero, ponerse de acuerdo entre ellos con los programas incluidos en el histórico Presupuesto de 3.5 billones de dólares; y segundo, convencer a los republicanos para que respalden la ampliación del techo de la deuda.
A COLACIÓN
Al presidente Joe Biden, que cumplirá un año al frente de la Casa Blanca el próximo 20 de enero, no le están saliendo nada bien las cosas porque, mes tras mes, va sumando una serie de traspiés que han puesto rápidamente su popularidad en picada pasando de una aprobación del 60% al 47.8% ajustada a la baja tras el desastre de la evacuación de las tropas norteamericanas de Afganistán.
El reto es crecer, para la economía mundial se estima un mayor PIB cercano al 6%, de acuerdo con Álvaro Santos, director del Departamento de Economía de la OCDE.
A este reajuste alcista realizado por la OCDE ha contribuido el optimismo por el billonario plan de estímulos y el plan de infraestructuras lanzado por Biden que los republicanos critican de electoralista, de “tirar el dinero” con un vilipendio público innecesario y fundamentalmente de inflacionario.
Recientemente, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) dijo en comparecencia en el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes que la inflación está elevada en su país porque “responde a factores transitorios” y seguirá elevada en los próximos meses. La previsión de inflación en Estados Unidos para 2021, la FED la ubica en 3.4% y descarta mover tasas al menos hasta 2023.
A la OCDE, por el momento no le inquieta el tema de la inflación, pero si una recuperación económica estable y considera que muchas economías con profundos vínculos comerciales, económicos y de inversión con la Unión Americana saldrán beneficiadas de la recuperación económica estadounidense y de su plan de infraestructuras porque hará fluir la inversión y los negocios.
A principios de 2021, la OCDE estimó que el PIB norteamericano rondaría el 6.5% y el país azteca lograría un crecimiento económico de 4.5% y Canadá de 4.7%, sin embargo, en su más reciente reajuste del pasado 31 de mayo, este llamado club de los países desarrollados corrigió sus predicciones al alza: para Estados Unidos prevé un PIB del 6.9% lo que jalará hacia arriba el PIB de México rumbo al 5% y el de Canadá cercano al 5.4 por ciento. Pero ahora todo esto depende de la aprobación del Presupuesto norteamericano y de la elevación del techo de la deuda.