Niñas llegan desde Chiapas a trabajar son discriminadas y humilladas

-Hacen malabares en las calles porque quieren estudiar.

Reportaje

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Apenas tiene 15 años y ya trabaja en las calles de esta ciudad para alimentar la ilusión que tiene de estudiar y salir de la pobreza, y lo hace porque la miseria que sufría en su natal Mitontic, Chiapas, es tan dura que obliga a cada momento a decenas de mujeres, niños y niñas como ella, a dejar sus juegos infantiles para engrosar las filas de menores que llegan a la frontera a trabajar como indigentes.

Este es el caso de Yanira Pérez, una niña de solo 15 años que hace dos semanas llegó a esta ciudad para reunirse con una tía, su hermana y una prima que semanas antes también habían dejado Mitontic, una marginada comunidad Tzotzil de 11 mil 157 habitantes, en su mayoría población indígena (91%) con un alto grado de desempleo y marginación (90%), y con el 85% de su población que habla una lengua indígena.

Menudita y de piel morena como todas las mujeres de su comunidad, Yanira no puede ocultar su rostro aún de niña, y desconfiada acepta la entrevista con la condición de no publicar su cara, y accede mientras sus manos juguetean con tres pelotitas de plástico con las que hace malabares sobre la peligrosa avenida Reforma para ganar su sustento del día.

“Si no ganamos dinero no tendremos ni para comer”, expresa en un español que no domina bien, pero su vestimenta compuesta por una colorida blusa azul con estampados y bordados negros y verdes atraen la vista y simpatía de los automovilistas que con gusto le ofrecen unas monedas mientras hace sus malabares.

La razón que la obligó a salir de su comunidad es la falta de dinero porque no hay trabajo, aunque siempre es obligado para las niñas de su pueblo, de otro modo no podrán alimentarse, y menos acudir a las únicas escuelas de preescolar y primaria indígenas promovidas por el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), ya que no hay secundarias ni preparatorias, mucho menos una universidad; la más cercana se encuentra en San Cristóbal de las Casas, en lo alto de la sierra.

Su padre las abandonó a ella y a su madre. “Mi mamá se quedó en casa porque está enferma, y por eso estoy buscando dinero para su medicamento, y yo me acabo de llegar como dos semanas, pero mis primas ya casi cumplen dos meses…y todos somos pobres”, dice con tristeza pero sin aceptar esa realidad porque dice que trabajará duro para salir adelante.

Una pobreza que lastima

En la comunidad de Mitontic solo el 20% de la población mayor de 12 años de edad trabaja, y de este porcentaje el 7 por ciento son mujeres, pero solo el 0.40% cuenta con servicio de Internet, lo que dificulta que durante la pandemia los menores en edad escolar tengan acceso a la educación en línea, ya que solo el 2% tiene una computadora, y de acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es uno de los municipios más pobres de México.

“No tenemos dinero, no tenemos casa, no tenemos apoyos y no tenemos nada, pero aunque tenga ganas de ir a la escuela no puedo porque es muy cara y necesito dinero para pagar la escuela, y por eso no estudiamos…pero yo quiero trabajar para poder pagar mi colegiatura”, señala con voz firme y segura de lo que desea en el futuro inmediato.

Con una mezcla de dialecto y español Yanira dice que terminó la primaria con mucho esfuerzo, razón por la que sabe leer y escribir, y por su edad dice que ya debería terminar la preparatoria, pero la necesidad la obligó a dejar su hogar, su comunidad, y sus ilusiones.
“Mi sueño es ser arquitecto…pero no sé si lo logre…tal vez sí o tal vez no. Pero no tengo dinero porque esta carrera que escogí cuesta caro y los apoyos que dice que tiene el gobierno nunca han llegado”, menciona, tal vez refiriéndose al programa del presidente López Obrador de combate a la pobreza y la marginación, programa que nadie en su comunidad conoce.

“No hay allá ningún apoyo, y los apoyos para las mujeres no se dan ni tampoco las becas para los niños, ya no es como antes….todo cambió y por eso vinimos a trabajar muchas niñas que tenemos necesidad de trabajar, y en mi pueblo aunque trabaje no gano mucho, solo 60 pesos al día”, explica con pasmosa naturalidad y claridad a pesar de su corta edad.

El único trabajo que hay en Mitontic es la cosecha del maíz, frijol y calabaza, y en esta labor se emplean muchos niños y niñas, pero lo sorprendente es que Yanira estudia en línea la preparatoria, y lo único que necesita es pagar sus gastos de alimentación y hospedaje aquí.
De tanto trabajar ya olvidó sus juegos de niña, los que dice no extrañar porque desea seguir estudiando para salir de pobre, “porque si sigo estudiando voy a agarrar un mejor futuro”, menciona consciente del sentido de sus palabras.

No hablan español

A lo lejos se ven su hermana Maribel y su prima Claudia (nombres ficticios), dos niñas de 15 y 17 años que salieron por las mismas razones que Yanira, pero debido a que hablan poco el español, el que mezclan con algo del dialecto que se domina en esa región, Yanira sirve de interprete, y entre risillas se dan a entender a través de su traductora quien en dialecto Tzotzil, que al igual que el Tzeltal y el Ch’ol, son los que predominan en los pueblos de Zinacantán y San Juan Chamula

Entre dialecto y español ambas mencionaron están aquí para trabajar y poder estudiar, y con dificultad mencionaron el motivo de su presencia en esta frontera, pero se quejaron de que algunos automovilistas las humillas por su aspecto, y que hasta las discriminan con palabras ofensivas.

“Algunos nos ofenden, nos humillan y se burlan. Pero no les hacemos caso porque estamos aquí para trabajar, pero lo hacemos porque antes las mujeres recibíamos nuestros apoyos para los progresos y para los niños, pero ahora ya no reciben y solo cada medio año para los niños, pero para las mujeres ya no hay apoyos ni reciben su progreso”, resume Yanira en una mezcla entre español y dialecto, pero con dramatismo la situación de las mujeres indígenas en las comunidades más marginadas de Chiapas.

Ellas forman parte del ejército de niñas y niños de entre 5 y 17 años de edad, que de acuerdo al Inegi son declarados ocupados laboralmente, y de acuerdo al censo del 2010 pertenecen a los 164 mil 678 menores que realizan alguna actividad laboral en Chiapas.

De acuerdo al organismo Combate a la Explotación Infantil, no existe una estadística confiable de cuantos menores trabajan en dicha entidad, porque no hay recursos ni información para ello, debido a que el Observatorio del Trabajo Infantil no funciona.