La evolución misma de la pandemia nos está mostrando los dientes de lo que será nuestro destino: entre 4 a 5 años hasta vencer definitivamente al virus y salir victoriosos de esta guerra biológica.
Y ese panorama que empieza a vislumbrarse ante nuestros ojos también evidencia las decisiones políticas, en la forma en cómo está gestionándose esta crisis sanitaria; al menos en el caso de Europa porque nos espera un bucle de inviernos llenos de restricciones y veranos de relajamiento.
Habrá que reajustar la administración y la toma de decisiones a esta forma de economía en dos estaciones sobre todo para aquellas empresas más dependientes de los flujos de personas en relación con los viajes y con el ocio.
Será necesario hacer más ahorro, tener mayores provisiones, gastar lo justo, tener mayor resiliencia y sobre todo reinventarse… buscar nuevas oportunidades en medio de la oscuridad.
La inflación seguirá siendo por varios meses más un quebradero de cabeza para prácticamente todos los países, prevalece el aumento inusitado del consumo y la demanda se han recuperado más rápidamente que los canales de producción y que las cadenas de suministro.
Ese desbalance ha convertido el comercio mundial en un cuello de botella y ha terminado llevando a la alza a todos los commodities con la consecuente afectación en el precio de los productos, bienes y servicios que se dejan sentir además en el bolsillo del consumidor.
El año está cerca de terminar y lo que se creía sería solo una distorsión temporal con la inflación cada vez subiendo más empieza a convertirse en un tema de preocupación por su incidencia en el crecimiento.
Hay mucha expectativa en torno a las decisiones que terminarán tomando los respectivos bancos centrales para coadyuvar a reducir la inflación; el papel de las tasas de interés será relevante dentro de una política monetaria que se ha mantenido expansiva para favorecer el consumo y la reactivación económica.
En 2022, podrían darse las primeras maniobras para una subida de tasas de interés tras largos meses de tasas cercanas al cero por ciento al menos en el caso de la Unión Europea (UE).
A COLACIÓN
Para Jerome Powell, titular de la Reserva Federal, la presencia de Ómicron solo complicará más las cosas a Estados Unidos, en un momento tenso al interior de la Unión Americana tras muchas dificultades para que el presidente Joe Biden lograse obtener el aval del Congreso para aprobarle su ambicioso plan de infraestructuras por 1.2 billones de dólares.
La Unión American enfrenta una demora en el restablecimiento de las cadenas de suministro que hasta la fecha mantienen desequilibrados diversos sectores con afectaciones importantes como acontece con la industria automotriz no solo estadounidense, sino en general, por la falta de chips y de otros componentes porque los plazos de entrega son lentos y han terminado elevando los precios.
En la medida que la inflación acelera a niveles no vistos en las últimas décadas, así se quema igualmente la capacidad de compra del dinero, afectando el poder adquisitivo de los trabajadores.
El propio Powell ha reconocido que la inflación elevada impone cargas significativas, especialmente para aquellos menos capaces de cumplir con los mayores costos de bienes esenciales como alimentos, vivienda o transporte. Será muy importante el papel que la FED desempeñe para coadyuvar a reducir la inflación.
Los inversores ven en las palabras del banquero central una señal de que en 2022 habrá un incremento en las tasas de interés al menos en dos ocasiones; para Goldman Sachs, se espera una subida en la tasa de fondos cada seis meses a un ritmo relativamente gradual.
Estoy convencida de que los estrategas y asesores gubernamentales deben reajustar sus decisiones con base al nuevo ritmo que la economía está adquiriendo a partir de la forma de gestión de la pandemia: un ciclo lento y otro más rápido todo eso en el lapso de un año con las empresas, las familias y las personas más precavidas y atadas a una serie de restricciones y luego soltadas con manos libres de cara al verano con esa sensación de vuelta a la normalidad que invita a gastar y a viajar.