Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Cientos de haitianos que huyen de la pobreza, la crisis económica y la violencia entre pandillas que esta semana provocó al menos 20 muertos en la capital Puerto Príncipe, tienen saturados los escasos refugios de esta ciudad, por lo que deambulan por las calles en busca de lugares donde protegerse y comer.
Pequeños grupos de haitianos, por lo general jóvenes, caminan sin rumbo por las calles en busca de comida para alimentar a sus esposas e hijos, quienes esperan en las banquetas aledañas al refugio municipal y a la Casa del Migrante ‘Flores Méndez’, en donde no los reciben por falta de cupo.
La situación es grave, dice Peter, un joven de 26 años, quien salió de Haití desde hace varios meses para no ser presa de la violencia que mantiene al país en la peor crisis económica y política de su historia reciente, luego del asesinato de su presidente Jovenel Möise, en julio del año pasado.
“Hay muchos problemas económicos y políticos, hay bandidos y mucho saqueo, por lo que salimos de allá para buscar una nueva y mejor vida”, explica Peter en un muy fluido español, ante la curiosa mirada de un grupo haitianos con niños pequeños.
Sandra y Andrea, dos jóvenes madres están sentadas en la banqueta aledaña del refugio municipal, en espera de ingresar; a su lado otro grupo espera poder entrar, dicen haber llegado esta mañana a la ciudad, procedentes de Monterrey, con la ilusión de poder cruzar a Estados Unidos en busca de asilo político, porque se dicen perseguidos del régimen político de su país.
En este lugar hay 40 niños y niñas y una cantidad similar de mujeres, el resto hombres, todos jóvenes. Uno de ellos es Peter, quien narra que en este momento la situación política y social en Haití es muy peligrosa porque la gente no puede vivir en paz, debido a la guerra de pandillas que se enfrentan todos los días, pero este joven culpa al gobierno encabezado por Ariel Henry, de la situación, sobre todo después del homicidio de Jovenel Möise, el año pasado.
“Hay mucha gente mala allá, y por eso salí de Haití para proteger mi vida, pero mi familia se quedó. Buscaré en Estados Unidos a mi papá y a mis primos, pero necesito ir allá para cumplir mi sueño”, explica con su rostro envuelto en la incertidumbre.
El éxodo
Desde que fue asesinado el presidente Möise, la situación política, social y económica en Haití empeoró, al grado que cientos de haitianos salieron de los barrios pobres como Butte Boyer, Croix-Des-Missions, Pantano y Mapou, de donde son algunos de los entrevistados, barrios que dicen fueron apoderados por las pandillas más violentas de ese país, que luchan por el control territorial de las barriadas.
“Tenemos mucho miedo de la violencia y de los bandidos, y por eso salimos del país en busca de una mejor vida”, dice otro de los jóvenes en un corto español entremezclado con francés y un poco de Créole, lengua nativa de la isla.
Ellos fueron admitidos al mediodía de este jueves en el refugio municipal, en donde hay cerca de 160 de sus connacionales, muchas mujeres con hijos pequeños y embarazadas que llegaron desde Monterrey, en donde estaban en un refugio.
Otros llegaron de Tijuana, Matamoros y Piedras Negras, porque les dijeron que por Nuevo Laredo era más fácil cruzar a Estados Unidos.
Salieron de Haití en frágiles embarcaciones por el mar Caribe desde hace semanas y meses, y llegaron a Brasil, en donde estuvieron por un tiempo hasta que decidieron cruzar a Chile, para luego avanzar hasta Perú, Ecuador, y seguir el camino por la sinuosa y peligrosa selva de Colombia y Panamá.
“Seguimos el camino hasta llegar a Nicaragua, Honduras y Guatemala, en donde tuvimos que esperar varias semanas para llegar a Tapachula, en México, porque no nos dejaban cruzar, y hubo problemas con la Guardia (soldados), mucha violencia”, narra uno de los jóvenes, mientras las puertas del refugio se abrieron para darles entrada y unirse al numeroso grupo que ya estaba en su interior.
Siguen llegando
A unas cuadras de este refugio municipal se encuentra la Casa del Migrante ‘Flores Méndez’, un refugio de reciente creación, apenas un año, pero en donde hay más de 80 haitianos que tiene saturado este lugar, entre ellos muchos niños pequeños y mujeres embarazadas…y los que siguen llegando esperan en las banquetas aledañas.
José Luis Flores, responsable de este refugio, comenta que desde hace dos semanas reinició Estados Unidos con el programa de asilo político a extranjeros, por lo que desde entonces comenzaron a llegar decenas de haitianos a este lugar, hasta saturarlo, pero dice que no tiene alimento ni medicinas suficientes para atenderlos a todos.
“Todos viene en busca de asilo político, y vienen de otras fronteras en donde estaban amontonados, pero cuando supieron que ese programa se había abierto aquí, comenzaron a llegar, y hago una lista de ingresos para que se vayan y los otros puedan entrar”, explica Flores.
Cada semana, oficiales del Servicio de Inmigración de Estados Unidos solicita a este albergue a varios extranjeros para enlistarlos y darles una fecha para ser entrevistados por un oficial, y tener derecho al asilo político.
Mientras este reportero hace la entrevista, dos mujeres jóvenes con hijos lactantes escuchan la plática atentas porque hablan español. Una de ellas es Miscena, que acompaña a Angelina Mombrassi de escasos 19 años de edad, quien hace 8 meses llegó a México; antes estuvo 4 años en Chile.
Otra mujer de 31 años espera paciente a algo de comida dentro del refugio; su pequeña hija de tres años, Esther, fija su mirada en la cámara del reportero, la toca y pide que le tome una fotografía mientras sonríe mostrando sus pequeños y blancos dientillos, ella llegó hace dos días luego de seis meses de haber ingresado a México.
Desde que fue asesinado el presidente Möise, la violencia se agravó en Haití, lo que obligó a más de 20 mil personas a abandonar el país, en parte por la inestabilidad políticas, y en parte por la violencia de las pandillas que pretenden controlar el país, lo que hace que cada día haya más desplazados que se dirigen a Estados Unidos para solicitar asilo político, por ser perseguidos del gobierno y de la violencia.


