-Mal tiempo impide la caminata.
Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Bajo una lluvia pertinaz y un frío de 12 grados centígrados, ‘el Vía Crucis’, evento que celebra cada año la Diócesis de esta ciudad, no se suspendió pero se llevó acabo en el interior de la catedral pero con muy poca asistencia debido a lo fuerte de la lluvia y a lo reducido del recinto.
Aun así, el obispo, Enrique Sánchez Martínez organizó este evento que a última hora canceló la tradicional marcha de aproximadamente dos kilómetros, desde la plaza Esteban Baca Calderón hasta los patios de la catedral, empero, dijo que la fe en la religión católica es muy fuerte, y que asistieron los que conservan esa fe a pesar de las inclemencias del tiempo.
“Debido al tiempo la gente se limita, y decidimos que fuera adentro, y se trata de un acontecimiento característico de nuestra fe cristiana, y data de los momentos más importantes de la vida de Jesús, y es una religión muy arraigado en todo el mundo”, explicó el sacerdote.
Dijo que se trata de días de meditación y hacer memoria lo que sucedió con Jesús hasta su muerte, “y debemos aprender de Jesús que siempre fue fiel a su padre, y a las tres de la tarde escucharemos en el Evangelio que ‘todo está cumplido’, pero con una actitud nueva”, señaló.
La entrevista ocurrió en el vestíbulo de los sacerdotes, dentro de la misma catedral al filo de las 10 de la mañana, momentos antes de iniciar el evento y mientras ingresaban personas al recinto a pesar de la lluvia que arreció en ese momento.
Ya iniciado el Vía Crucis con los protagonistas principales; Magaly González como María y Fernando Zimbrón como Jesús, madre e hijo en la vida real, inició este episodio de ja vida del nazareno con una caminata dentro del templo con la representación de las 14 estaciones o vivencias que tuvo Jesús en su camino, desde su captura y crucifixión hasta su muerte.
Para ello fueron colocadas las tres cruces en el atrio de esta iglesia, las de los dos ladrones y la de Jesús al centro, y mientras esto ocurría unas oraciones y rezos se escuchaban a través de los altavoces del recinto, invitando a la meditación y al perdón de los pecados.
En cada estación el obispo en sus rezos y peticiones, pedía por los humildes, por las mujeres, por los niños, por los migrantes y por todos aquellos que sufren en vida propia la crueldad de la violencia y de la inseguridad en el país.


