Desconozco cuantas profesiones registradas como tal existen en la Secretaría de educación Pública del gobierno federal y convengo que cada uno defiende la propia por simple Ética, por el amor que le ha inspirado no solo estudiarla, sino ejercerla.
Ser maestro es una profesión de impacto social directo, cuya formación curricular, las autoridades, han adicionado años de preparación, hasta que finalmente le conceden el grado de licenciatura.
El origen de este espacio y el título de hoy, es porque hace unos días, a mi celular llegó un video, en ocasión del Día de las Madres… Un video mal hecho, mal editado, con una voz nada profesional.
Fue un video común, tomado por algún espontáneo… La diferencia es que el mensaje impacta, pese a la muy mala voz de la chica en un micrófono nada profesional, sin embargo, el mensaje es de una hija para su madre y que en breves ideas plasmo como un homenaje a los Maestros.
“Soy hija de maestros, aunque corrigiendo un poco, soy hija del CENDI, de la Guardería Infantil desde los pocos meses de nacida. Desde mi primera infancia no tuve una, tuve a varias educadoras como madres temporales.
Maestras jóvenes, maduras, flacas, gordas, pero sin duda todas cariñosas que se esmeraron en cuidar de mí y de los compañeritos de sección. Ellas, como mamás me preparaban el biberón hasta cambiarme el pañal, incluso me dedicaban cuando estaba enferma, porque mi madre, también como maestra cuidaba otros niños en la escuela.
Aprendí a caminar en el Cendi, a comer con cuchara, a controlar mis necesidades, a jugar y respetar a mis compañeros; ahí aprendí a usar el lápiz, los colores y mis torpes manos infantiles a rasgar y cortar.
Mis maestras siempre me ayudaron, me guiaron en muchos más aprendizajes, mientras mi mamá enseñaba en la escuela a otros niños y hasta vigilaba los juegos de otros escolares.
Mis recuerdos infantiles en la mayoría de los festivales del Día de la Madres o las ceremonias cívicas donde participé, la ausencia de mamá era segura, porque ella ensayaba con sus alumnos los bailables, tablas gimnasticas, exposiciones, trabajos manuales, etc., para agasajar a otras mamás.
Mi madre como maestra siempre llegaba por mí corriendo, muchas veces ayudándonos a jalar la mochila, preguntando de las tareas pendientes y de los temas que habíamos visto en clase… Mientras ella, llegando a casa, nos atendía con una sonrisa, un cariño… mientras preparaba la clase, el examen, o la larga lista de quehaceres del día siguiente.
Ser hijo de maestros no es tarea fácil, porque mientras nuestros maestros nos educan para la vida, nuestros padres educan a los hijos de otros, con la idea de que sus alumnos sean hombres y mujeres productivos en cualquier área social.
Ser hijo de maestros es un orgullo, es una acción que nos distingue de los demás, porque nuestros padres forman, educan, guían, a los hijos de matrimonios desconocidos en la mayoría de las veces.
Ser maestro es recomendar a los hijos propios y ajenos, los mejores senderos para una vida futura, son el alimento del alma, son la vitamina que ayuda al espíritu de superación, de honradez que son los elementos para ser felices.
Muchas veces me pongo a pensar si mi madre realmente revisaba mi tarea, o solo aparentaba hacerlo, porque corregir la de sus alumnos, con toda seguridad le cansaba, la automatizaba, quizá hasta llegaba ‘muerta’ de cansancio al lado de sus hijos.”
Este 15 de mayo es Día del Maestro, a ellos y ellas mis respetos y agradecimiento perene por haber contribuido a la formación de mis hijos, ahora profesionales en diversas áreas del saber humano.
Maestros de Tamaulipas y México: ¡Gracias!