Repican las campanas de parroquia a un año del asesinato de sacerdotes Jesuitas Joaquín y Javier

-Oran en su primer aniversario luctuoso en Nuestra Señora de las Mercedes-

Tampico, Tamaulipas. -En punto de las 3 de la tarde sonaron las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes, ubicada en el centro de Tampico, quienes se sumaron en oración, al cumplirse hoy un año del asesinato de los padres Jesuitas, Joaquín Mora y Javier Campos, en Chihuahua.

El párroco Erick Ramírez Segovia, dijo que se unieron a la invitación de la iglesia de México, de toda la República Mexicana, en oración para pedir por el eterno descanso del padre Joaquín y Javier, sacerdotes Jesuitas, que murieron a consecuencia del crimen organizado.

“Vivieron la violencia, el secuestro y el fallecimiento de ellos, y toda la iglesia se une en oración, no nada más para pedir por ellos sino por todas las personas que han fallecido a consecuencia de esta situación que vivimos en el país”.

Indicó que a esto se suman todos los sacerdotes en toda la República Mexicana y ofrecen misas y una oración por los difuntos y por los sacerdotes fallecidos Jesuitas Javier y Joaquín.

En este primer aniversario de su fallecimiento la iglesia conmemora y así se hace, con santos, personas que vivieron igual que ellos, y son subidos en los altares y son recordaos cada año en su fiesta patronal.

“Aquí tenemos en Nuestra Señora de las Mercedes, la Virgen María, a San Martín de Porres, y no dudamos que algún día, Joaquín y Javier por haber fallecido ante esta situación de la violencia, inseguridad, a la mejor algún día lleguen a ser reconocidos por su trabajo, su labor pastoral, la gente es la que va hablar, no propiamente la iglesia, porque tenía un problema y me encomendé a los padres Javier y Joaquín, y quizás alcancen la santidad algún día”.

Hizo hincapié que al sonar las campanas es recordar que la iglesia siempre hace oración, en este caso por todas las necesidades, no propiamente por la violencia, sino también por el desempleo, el fin del aborto, el respeto a la dignidad del ser humano, que desaparezca toda la problemática social, a la que nadie escapa y todos están inmersos en esa situación.

“El deber de la iglesia es pedirle a Dios que toque el corazón de cada persona para una conversión para un cambio y no propiamente en específico la violencia, que es uno de los temas que hoy nos aqueja y es deber de la iglesia pedir en oración por la paz, le pedimos por aquellos que han olvidado que somos hermanos, que toquen el corazón de quienes se olvidan que somos hermanos, y que provocan sufrimiento, dolor y muerte, y en la oración le pedimos a Dios la conversión”.