Para muchas personas el número, como el título de hoy, generalmente es de mala suerte y, aunque hay quienes auguran lo contrario, seguro que son más quienes se inclinan por las malas vibras, al grado que muchos hoteles omiten este número entre las habitaciones de cada piso.
Esta vez, el número se refiere al aniversario Número Trece del asesinato vil de un hombre que tuvo el sueño de gobernar Tamaulipas, su terruño querido, la cuna que le arropó desde su nacimiento y le vio crecer como hombre de las ciencias médicas y de la política estatal.
Fue lunes, pasadas las 8 de la mañana de ese 28 de junio de 2010. A siete días de la elección que le llevaría a la Silla Grande de Tamaulipas… Viajaba en la camioneta que el partido en el poder (PRI) le asignó para trasladarlo a su campaña y según la prensa de ése tiempo, su destino esa mañana, era el aeropuerto El Petaqueño de Victoria y de ahí volar a Matamoros para su cierre de campaña.
La mala noticia parecía una broma de muy pésimo gusto. Aunque las imágenes de la televisión local y redes sociales fueron terribles, al grado que se sentía el caos político del estado, la incredulidad de los hechos, significaban un acto de terrorismo que ponía a Tamaulipas en la mala boca del país y de la región continental.
Son trece años los que han pasado, entonces gobernaba Tamaulipas el también victorense Eugenio Hernández Flores (2005-2010) y a México, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (2006-2012).
Hernández Flores ahora en una prisión del Estado de México, esperando se resuelva la petición de extradición que hizo el gobierno gringo, aunque aseguran los abogados que se ha liberado por los delitos que le endilgó el gobierno mexicano.
Trece años con la duda de los motivos reales que los autores intelectuales y materiales tuvieron para cegar tan abruptamente la vida de un tamaulipeco que supo despertar la esperanza de un Tamaulipas diferente, mejor.
Trece años de esperar justicia, no solo por la muerte del candidato asesinado, sino también de los colaboradores cercanos que, pese a morir en las mismas circunstancias, las familias de los policías y auxiliares del Dr. Torre Cantú, no recibieron la indemnización o pensión en la misma cantidad que recibió la viuda e hijos del frustrado candidato.
Trece años de conjeturas periodísticas, de historias de sobremesa, de comentarios de café, de chismes de vecindades, de suspicacias en los mercados, de lamentaciones, lágrimas y esperanza de saber la verdad y castigar a los culpables.
De nada valió que el gobernador Geño, (el partido), nombrara como sustituto al hermano mayor del asesinado, porque durante su gestión como gobernador nada se supo del asesinato del Dr. Torre Cantú.
Egidio no ganó en las urnas, porque el pueblo votó por su hermano. Gobernó Tamaulipas sin pena ni gloria, porque jamás del asesinato se dijo oficialmente algo, hubo publicaciones con cientos de hipótesis, quizá salidas de la fantasía de algunas mentes, tal vez de las verdades de otros.
Pese a su profesión de Ingeniero civil, Egidio Torre Cantú fue un hombre falto de habilidades políticas, oscuros antecedentes por el partido político por el que llevó a la Silla del 15 Hidalgo. Apenas alcanzó a ser presidente municipal de Victoria, también como sustituto, del 27 de septiembre al 31 de diciembre de 2001.
Las malas lenguas de las buenas gentes aseguraron que construyó una residencia en el vecino estado de Nuevo León, en el lujoso municipio de San Pedro… otros aseguraron que también construyó en San Miguel de Allende, Gto.
La realidad es que a Egidio Torre Cantú se le ha visto ocasionalmente por la capital tamaulipeca y se sabe por enfermedades de su padre y hermana, quienes ahora finalmente descansan con Rodolfo.
Trece años… Trece años de la muerte de un candidato y las autoridades tanto de Tamaulipas, como las Federales, siguen guardando silencio, siguen ocultando la verdad sobre este y otros hechos sangrientos que han lastimado a la población.
Los actores políticos del Revolucionario Institucional, seguirán con sus actos luctuosos por ése candidato que murió en manos de desconocidos y con seguridad continuarán los discursos sobre el sacrificado doctor Rodolfo, seguirán las promesas de esclarecimiento… de justicia, de equidad, de esperanza.
Son 13 años de impunidad… pero se seguirán sumando más.