Las expectativas de crecimiento y desarrollo para esta ciudad son buenas en el corto y mediano plazo, al menos así lo muestran algunos elementos que son indicativo de que algo anda bien aquí, como son un notable crecimiento en la construcción y demanda de viviendas de tipo clase media y media alta, el incremento en el comercio organizado y no organizado, la instalación y expansión de empresas diversas, y una mayor visión de las autoridades municipales y estatales para elevar el bienestar social mediante un acercamiento más integral con la población a través de los programas sociales ya establecidos.
Si a ello se suma que el consumo interno en la ciudad aumenta de manera importante en cuanto a la adquisición de bienes y servicios debido a una economía familiar cada vez más sólida, permite a muchas familias acudir a restaurantes, comercios, tiendas y diversos negocios de la ciudad a consumir, a la par de hacerlo en la vecina Laredo, gracias a una moneda fuerte, con menos incertidumbre y volatilidad en cuanto a su valor y cotización con relación al dólar estadounidense.
Una mayor circulación de capital motivado por un mayor consumo local hace que su fluidez sea mayor y llegue con más rapidez a los diferentes negocios, cuyos propietarios, al darle un destino aún más dinámico mediante la inversión en más bienes de capital, le quitan pereza al dinero para colocarlo en un mercado más competitivo, lo que ayuda a la creación de más empresas, más negocios, más empleos y más capital en circulación, como ya se está observando en esta ciudad.
Cuando se llega al nivel de una economía saludable y de una sociedad con deseos de integrarse y adaptarse a un modelo de gobierno menos proteccionista, menos conservador y más dinámico,se puede decir que una sociedad o un gobierno están más cerca de lo que se llama desarrollo integral, proceso que ocurre solo cuando convergen las acciones de gobierno, con sus políticas públicas, sociales y económicas más en el sentido de mejorar las condiciones de desarrollo de cada individuo, de cada familia y de cada grupo, que de satisfacer solo las necesidades propias de una administración pública y de su burocracia.
Para que ello ocurra se requiere llegar a un nivel de confianza mutua entre gobierno y sociedad, entre individuos y autoridades mediante la atención y solución inmediata de los problemas que aquejan a los sectores más vulnerables y con menores posibilidades de tener acceso a los bienes y servicios gubernamentales.
El que esta ciudad pueda lograr el desarrollo integral tan deseado por toda sociedad emergente, sobre todo las de economías como la de Nuevo Laredo, que converge con una economía más desarrollada y con un capital que circula con mayor rapidez, dependerá en gran medida de cómo el gobierno de la alcaldesa Carmen Lilia aplique las políticas públicas a sus gobernados, de cómo logre un mayor bienestar social, y de cómo pueda generar un ambiente propicio que privilegie menos la administración pública, y más la administración social.
Nuevo Laredo tiene lo esencial para llegar en el mediano plazo a ese nivel de desarrollo integral que tanto necesita, porque no basta con tener voluntad política y deseos de hacer bien las cosas. Carmen Lilia tiene los elementos básicos para llegar a ese nivel de desarrollo integral, como es ofrecer una vida digna a todos, cubrir las necesidades más elementales de todos, en lo físico, en lo biológico, en lo económico, en lo cultural y en lo social.
De lograrlo, que es lo deseable para el bien y el bienestar de los habitantes de esta ciudad, es seguro que Carmen Lilia pueda ocupar el rango de una gobernante integral, que no es otra cosa más que llegar al equilibrio entre el ejercicio del poder público y la participación de la sociedad en la toma de decisiones. Es posible y ojalá lo logre.
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Voz migrante. Nuevo Laredo es desde hace poco más de dos semanas una ciudad receptora de migrantes que llegaron con la consigna de cruzar a Estados Unidos en busca de una vida más digna de la que tenían en algunos países de la región, como Venezuela, cuya dictadura ya expulsó a 7 millones; muchos de ellos se encuentran atorados en México debido a una deficiente política migratoria que en vez de ayudarlos, los obliga a vivir como parias, sin país, sin honor, sin una vida propia…sin familia.
Así viven, o peor aún, así coexisten en esta frontera cerca de dos mil migrantes, que ni son refugiados, ni extranjeros, ni mucho menos mexicanos, porque da tristeza ver niños enfermos y hambrientos, mujeres embarazadas o con hijos lactantes, hombres en edad productiva que lo único que producen en este momento es pena y dolor en un lugar en donde están hacinados y somnolientos por los efectos de un brutal calor que los doblega aún más.
Platicar con ellos es revivir sus historias tan llenas de dolor y tan llenas de tragedias en un peregrinar de más de tres mil kilómetros a pie, en camiones, en autos, o en lo que sea hasta llegar a esta ciudad fronteriza que no es cosmopolita porque esos extranjeros no trabajan aquí, no tienen empresas, no crean negocios ni generan riqueza a la ciudad, mucho menos son turistas.
Ellos viven con la incertidumbre de no poder tramitar sus permisos para obtener la tan ansiada visa humanitaria o el asilo político que hasta este momento Estados Unidos les está negando, por lo que poco a poco algunos son trasladados hasta Monterrey en camiones foráneos, para ‘aliviar’ un poco un asunto que puede convertirse en una nueva crisis migratoria ante la falta de incentivos que hagan menos pesada su carga.
De acuerdo a la subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, México ya se ha convertido en un país de destino para miles de migrantes que pertenecen a 130 países, algunos tan diversos como distantes como Pakistán, Sudán, India, Rusia, China, Afganistán, Centroamérica, Cuba y Haití por citar los más cercanos.
La Comisión Mexicana para la Atención a Refugiados (Comar) no cuenta con recursos suficientes para atender este asunto que le compete al gobierno federal mexicano, y se lo pasa a los municipios cuya capacidad de atención es rebasada de inmediato.
Es denigrante que el gobierno federal no aporte lo que le corresponde para aliviar un poco la enorme presión de un asunto delicado que expone a muchos peligros y riesgos a estas personas que pueden ser víctimas de delincuentes.
Son 130 mil solicitudes para refugiados que ha recibido México a través de esta dependencia, cifra que a cada momento aumenta y amenaza con rebasar la capacidad de trámite y de aprobación, aunque algunos de ellos ya tramitaron sus documentos de ciudadanía mexicana, y ahora viven y trabajan en este país.
Son un millón 900 mil extranjeros, de los que el 70 por ciento son nacidos en Estados Unidos y en Canadá, el resto es de otros países, pero ahora viven y trabajan en México y exigen más servicios y solución a sus necesidades.
Esta cantidad de migrantes extranjeros que viven legalmente en México es el doble de la que había en el 2018 y aumenta a cada momento para estar en el país como asilados humanitarios, para trabajar, como visitantes o turistas temporales, lo que le da a México el perfil de país ya no de paso sino de residencia y de trabajo.
Sin embargo, los que no legalizan su situación en México y siguen siendo indocumentados, cruzan sorteando los peligros propios de su éxodo. Unos logran pasar la frontera con Estados Unidos, pero la mayoría, dos millones 700 mil no lo lograron el año pasado y fueron expulsados a México bajo el nefasto Título 42, por el programa ‘Quédate en México’, ahora por el Título 8, o a sus países de origen.
Muchos son mano de obra calificada que desean aplicar en empresas estadounidenses y generar en ese país más riqueza que les permita obtener el estatus de residente permanente, y también muchos de ellos con una elevada calificación se quedan en México sin poder aplicar.
Es por ello que el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) tiene la propuesta de regular su situación para aprovechar al máximo su talento, sus habilidades y sus conocimientos en algunas ramas de la producción y de la ciencia, y contribuir así en el desarrollo del país, y con ello suplir en algo la fuga de cerebros que México padece desde hace años porque en este país no se les dio el reconocimiento a sus capacidades. Tal vez sea el momento para aprovechar las capacidades esos migrantes que llegan por miles a nuestro país. Tal vez sea el momento.