La UE fortalece sus nexos con el Mediterráneo

Han pasado 29 años desde que el llamado Proceso de Barcelona (noviembre de 1995) reforzó los lazos de cooperación de la Unión Europea (UE) a través de la  Asociación Euromediterránea (Euromed) en aras de fomentar el crecimiento en la región del Mediterráneo  y procurar su estabilidad a través de diversos mecanismos de cooperación en renglones relacionados con la política, programas sociales, la economía, la energía y el impacto del cambio climático.

En 2008, se creó la Unión por el Mediterráneo (UpM) para que esta institución intergubernamental fuese el punto de encuentro entre la UE y un total de 15 países ubicados en  la parte sur y oriental del Mediterráneo. Su finalidad es poner las bases para el fomento del diálogo entre las partes implicadas e impulsar la cooperación entre ambas orillas.

En la Unión por el Mediterráneo convergen todos los países miembros de la UE y otros países socios tales como: Bosnia y Herzegovina, Egipto, Argelia Jordania, Albania, Israel, Líbano, la Autoridad Nacional Palestina, Mauritania, Turquía, Marruecos, Mónaco, Túnez, Siria y Turquía.

La clara intención de mejorar las relaciones a través de la Política Europea de Vecindad (PEV) y de fomentar la cooperación han  permitido  que el Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional (2021 a 2027) tenga un presupuesto de 19 mil millones de euros para el desarrollo de programas que permitan una serie de acciones bilaterales y multilaterales para crear un clima propicio para un mejor entendimiento entre los países m mediterráneos.

A este respecto, autores como Haizam Amirah y Richard Youngs, escribieron para el Real Instituto Elcano cómo el diseño de la Política Europea de Vecindad añadió una “nueva dimensión” a las relaciones con el sur del Mediterráneo.

Ambos investigadores coinciden en señalar que estas acciones han permitido crear una especie de “anillo de amigos” en la nueva periferia de la UE con nuevos instrumentos que son potencialmente relevantes para la región.

“Dicha política ofrece a los nuevos vecinos la posibilidad de participar en muchos ámbitos de cooperación económica de la UE y, en concreto, el mercado único. La PEV también pretende adoptar un enfoque más orientado hacia el fomento de los derechos humanos y de la democracia”, de acuerdo con  Amirah y Youngs.

En un primer análisis realizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el impacto de la Euromed y de las políticas de vecindad, el organismo internacional aprecia una serie de avances positivos en: 1) La liberalización del comercio; y, 2) el incremento de la ayuda financiera a los países mediterráneos.

El FMI destaca como relevante   s en materia comercial, el Acuerdo de Agadir (2004) entre Marruecos, Túnez, Jordania y Egipto  así como  la firma bilateral de los países mediterráneos con la UE para lograr mejores condiciones arancelarias con reducciones cuantiosas en cuanto al comercio de  bienes industriales y en la eliminación de las barreras no arancelarias.

Además, la UE ha permitido que se dé una armonización aduanera lo que ha agilizado los tiempos para el comercio de la región y favorecido una reducción en los costos.

Por el lado del apoyo financiero, la UE ha incrementado de manera relevante la ayuda financiera a sus socios euromediterráneos y, a través, del Banco Europeo de Inversiones fluyen de manera más ágil los préstamos hacia la región. Ya, en 2002, surgió el Mecanismo de Inversión y Asociación Euromediterránea (FEMIP).

Precisamente, Joseph Borrell,   antes de dejar su  cargo como Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores,  reiteró que para la UE los desafíos económicos, sociales y de seguridad en la región del Mediterráneo meridional representan un claro reto para la política exterior.

Más energías limpias

Pero también hay otros desafíos absolutamente visibles para los vecinos del sur del Mediterráneo y están relacionados con el sector energético  y el cambio climático.

Las energías renovables y la neutralidad del carbono en la región requieren de inversiones para impulsar la energía solar y eólica. Precisamente, la UE con el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo han movilizado 7 000 millones de euros, correspondientes al período 2021  a 2027,  para impulsar proyectos de inversión ecológica.

El Instituto Europeo  del Mediterráneo apunta que  a medida que se desarrolle el mercado del hidrógeno, podría ser necesario más apoyo institucional adicional.

“Cuando los países europeos compran electricidad o gas a países de la orilla sur y este del Mediterráneo, requieren de una prueba de que están comprando energía descarbonizada. Es necesario un sistema armonizado de garantía de origen para el área euromediterránea a fin de crear un mercado energético integrado para que la energía verde pueda circular libremente”, de acuerdo con dicho Instituto.

Tal es el caso del hidrógeno cuyo suministro tiene un alto potencial y cuyo futuro tenderá a ampliarse porque la tendencia indica una mayor demanda potencial.

El propio Instituto Europeo del Mediterráneo propone la creación de una Alianza Mediterránea del Hidrógeno que reúna a todas las partes interesadas para definir  una estrategia común norte y sur. A lo largo de estos años, si algo han aprendido las economías de la cuenca mediterránea es que fortaleciendo el entendimiento institucional, se logran mayores avances en cooperación y allí todos los implicados ganan.

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