Se ignora cuánto tiempo más perdurarán y si terminarán vigentes a finales de este siglo. La coronación del rey Carlos III y la reina Camila en Reino Unido resucitó el debate del futuro de la monarquía en un siglo marcado por un profundo cambio generacional y, sobre todo, por juventudes menos apegadas a los símbolos, las tradiciones, los ritos y las jefaturas de Estado por derecho divino y de sangre.
En la actualidad, un total de 44 estados soberanos tienen diferentes tipos de monarquías: parlamentaria (el monarca es el jefe del Estado con un papel simbólico y representativo); electiva-teocrática (como El Vaticano); monarquías absolutistas (Arabia Saudita) o monarquías rotatorias (en Malasia y Brunéi) entre otros modelos más tradicionales que siguen algunos países en África.
Esta forma de poder y de mandar surgió de la mano con las primeras civilizaciones, en las recién formadas polis y algunas son tan antiguas que pertenecen al 3 mil antes de Cristo, como en Egipto y Mesopotamia.
Andado el tiempo, la Historia se ha teñido de sangre para derrocar a varias como sucedió en Rusia o en Francia a favor de un gobierno republicano. Sin embargo, en Europa perviven doce monarquías: Reino Unido, España, Noruega, Suecia, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, Andorra y Ciudad del Vaticano.
La de Reino Unido tiene sus propias peculiaridades: la entronización del rey Carlos III en la abadía de Westminster, lo convierte además en cabeza de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth) formada por 54 países soberanos, independientes y semiindependientes que comparten en su mayoría lazos históricos con Reino Unido, desde 1950 a la fecha. De éstos, un total de 14 países están adheridos a la monarquía británica.
Si bien, no implica alguna sumisión a la Corona sí se respeta la figura del monarca en este caso Carlos III como en su momento sucedió con su madre, la reina Isabel II, fallecida el 8 de septiembre de 2022.
Además, esta monarquía es también especial por todo lo que la rodea, no solo la pompa y circunstancia, sino porque guarda con el tiempo cierta flema de un pasado que sigue resistiendo a desaparecer.
En ninguna parte del mundo la monarquía es un símbolo tan querido como
en Reino Unido, al menos así se dejó sentir en el largo reinado de Isabel II. Con veintiséis años ascendió al trono en 1952 y tras siete décadas en el trono, su vida se apagó a los 96 años de edad, tras fallecer en el Castillo de Balmoral.
En setenta años han pasado grandes acontecimientos mundiales: desde
la posguerra, la etapa de la Guerra Fría, los movimientos anticoloniales en África y en Asia; la modernización y ampliación de la clase media y conflictos, invasiones, guerras, atentados terroristas cruciales como los del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. A la monarca Isabel II, le tocó por supuesto que su país entrase a la Comunidad Económica el 1 de enero de 1973 y que luego mutó a la Unión Europea (UE) del que su país terminaría yéndose el 30 de enero de 2020, tras un desastroso Brexit.
A COLACIÓN
No son pocos los escándalos en la monarquía británica, los más recientes rodean al hermano del rey Carlos III con sendas investigaciones alrededor del pedófilo Epstein. Y aunque a Andrés lo han dejado casi en la calle y nadie quiere saber de él, en Windsor yaes imposible ocultar sus debilidades.
Sin embargo, hay otra monarquía también rodeada de escándalos nada agradables y, me refiero a España: que al rey Juan Carlos, hoy en su papel de rey emérito exiliado en Abu Dabi, lo pongan en la televisión en España en diversos programas de investigación como un putero y corrupto es el síntoma más palpable de que la monarquía atraviesa por sus horas más bajas.
Como sea, es el padre del actual rey Felipe VI, además jefe del Estado español, y hay grupos políticos, sobre todo de izquierdas y republicanos, muy interesados en que las nuevas generaciones recuerden más a Juan Carlos por sus cosas malas que por las buenas: por ejemplo, su papel para desarmar el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados; y, por ser un artífice a favor de la democracia.
El rey emérito acaba de cumplir 88 años y su salud es cada vez más precaria, debilitado por el paso de los años y la lejanía de sus amigos, de su patria, de su familia y de sus nietas y nietos. Vive en otro país con otras costumbres y en un desarraigo doloroso.
Se va a morir y lo más probable es que muera fuera de España. La situación es tan delicada que la Casa Real no quiere mover mucho el tema porque se han dedicado a dejar muy claro a los españoles que una cosa es el rey emérito y otra, muy distinta, el rey Felipe VI y sus hijas. Pero hay un sector político y de la prensa que no quieren que el público olvide porque su intención es seguir debilitando la imagen de la monarquía y que decaiga en el interés de la gente.