Niños que trabajan, un problema de 40 años en la ciudad
- En México trabajan en las calles 3.7 millones de niños
- Son víctimas de explotación de todo tipo
- ¿Aportarán algo positivo los procuradores?
El trabajo infantil en todas sus facetas es una de las formas más brutales de explotación de la mano de obra de todo infante menor de 18 años de edad, y aunque en México está penalizado, las autoridades no hacen lo suficiente como para poder erradicar este fenómeno que cada día crece sin que ninguna autoridad pueda evitarlo o tan siquiera prevenirlo.
En Nuevo Laredo este lunes 16 de febrero se reunieron los procuradores del Sistema DIF de Tamaulipas para analizar cómodamente sentados y tomando café un problema que desde siempre ha existido en el país, pero que se ha agudizado a partir de la década de los años 80, es decir, que desde hace 45 años ninguna autoridad en México ha hecho lo suficiente como para solucionarlo.
Reuniones van y reuniones vienen y nada se hace, solo palabras y promesas de los procuradores y directores del DIF, quienes desconocen el problema que surge no porque los niños y niñas quieran salir a las calles a jugarse la vida en trabajos hartamente peligrosos, sino porque cada menor tiene detrás suyo además de una historia en ocasiones desgarradora, una enorme necesidadfamiliar que los obliga a salir a las calles en busca de un paliativo económico para satisfacer las necesidades de sus familias.
Este fenómeno ya convertido en problemática es algo que nuestras autoridades se niegan a observar y a resolver, ya sea por desconocimiento, por indiferencia o por no querer darle solución, tal vez porque al igual que los indigentes, los enfermos mentales, y los migrantes, los niños que trabajan en las calles no aportan beneficios económicos ni impuestos para las autoridades, y en cambio suelen ser una carga para el erario municipal, estatal y federal, por lo que poco o nada se invierte para ofrecerles una vida más digna.
El Inegi ha realizado algunos interesantes estudios sobre el trabajo infantil en México al reconocer que tres millones 700 mil niños y niñas realizan en las calles trabajos muy peligroso que los hacen vulnerables ante criminales que los explotan y frenan su desarrollo y sus oportunidades ante una vida cada vez más difícil.
A diario se ve en medios de comunicación a niños que son forzados a trabajar en el campo, en minas, en las calles y en actividades domésticas ilegales y contra su voluntad. Son tipos de explotación, graves y peligrosas, sobre todo para las niñas que a menudo son utilizadas para actividades sexuales.
Otros menores son reclutados por el crimen organizado y otros más trabajan en actividades domésticas como parte de la servidumbre y como pago de deudas contraídas por sus padres o adultos que los utilizan, y ellos forman parte de esos 2.1 millones de niñas y niños que trabajan en actividades extremadamente peligrosas, cuando deberían estudiar y tener una vida más digna.
Es por eso que este tipo de reuniones o eventos formalizados por instituciones gubernamentales, si bien en lo teórico aportan, en la práctica el rezago es espantoso porque el avance es mínimo, y en Nuevo Laredo esta realidad es similar al resto del país: niños que trabajan en los puentes internacionales o en los cruceros pidiendo dinero a cambio de peligrosos malabares.
Se ven niñas con vestimentas autóctonas cargando en sus espaldas los productos de un posible abuso sexual, lava carros, esquineros, viene viene afuera de negocios e incluso abre puertas en tiendas de conveniencia.
¿Qué se hace para reincorporar a estas niñas y niños a la sociedad?, ¿qué se hace para que los veamos en las escuelas y no en los cruceros?, ¿qué se hace para que sus familias tengan un trabajo digno y ofrezcan un mejor futuro a sus hijos?
Lamentablemente en la mencionada reunión de este lunes en la Infoteca ‘Sor Juana Inés de la Cruz’ los procuradores del DIF, en particular el estatal, Alberto Galván Garcés, dio a los medios de comunicación una cátedra de lo que no debe decir un funcionario de su talla.
Este funcionario desconoce o no quiso decir la cantidad de menores que trabajan en Tamaulipas, y atajó a los periodistas con evasivas y un sinnúmero de ‘nosé’, y a ello se suma la cerrazón que existe para los comunicadorespara conocer cifras y datos de los menores ‘rescatados’ por el DIF, estadísticas que nunca se ofrecen y que se niegan a dar. ¿Por qué?, solo ellos lo saben y esperemos que de esta reunión de procuradores surja algo positivo, ojalá que sí.
Para dar cifras y estadísticas se necesita salir a las calles, buscar a los niños que trabajan en la vía pública, acudir a sus hogares y entrevistar a sus familias, no para darles una despensa o una beca del bienestar que en nada o muy poco soluciona sus problemas de subsistencia y sus proyectos de vida.
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¿Cuándo se ha visto a un procurador o a un director del DIF caminando en busca de niñas y niños que trabajan en las calles, entendiendo sus problemas y ofreciéndoles soluciones, no paliativos?
Cierto es que la problemática de hace 40 años es muy diferente a la actual. En esa época los niños de la calle que trabajaban llevaban su dinero a sus familias porque vivían en esta ciudad, algunos acudían por las tardes a la escuela, otros eran migrantes constantes que cruzaban el río según sus necesidades. Aún eran rescatables.
La mitad de esos niños de la calle eran migrantes del sur del país y centroamericanos que huían por la violencia y la inseguridad, así como delas pandillas que ya asolaban sus comunidades.
Eran niñas y niños rescatables porque se acudía hasta donde ellos dormían en las calles. Se les llevaba alimento y ropa, se les atendía insertándolos en una escuela, se apoyaba a sus familias con algún trabajo, se elaboraban estudios socioeconómicos, apoyos psicológicos y médicos integrales.
Es de reconocer que hoy la realidad de esos menores y de las calles es distinta. Ya no son esas inocentes niñas y niños que se drogaban para escapar de una difícil realidad familiar, hoy tal vez lo hagan por pertenecer a un idealizado ‘estatus’ social, o para demostrar una ficticia valentía en una geografía muy peligrosa tanto para ellos como para quienes se interesen en ayudarlos.
Aún guardo algunas estadísticas, nombres, direcciones, fotografías, regiones, países de origen y entrevistas de varios de esos menores, porque con el apoyo del entonces gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Guerra, y el director del DIF municipal, el doctor Juan De Dios Nieto, fui el primer coordinador y fundador del programa que hoy se llama Camef o Centro de Atención al Menor Fronterizo. Antes tenía el nombre de Menores en Situación Extremadamente Difícil (Mesed).
Con un gran equipo por delante logramos rescatar muchas niñas y niños porque íbamos a buscarlos a las calles, a sus domicilios. Decenas de personas se sumaron al equipo ofreciendo alimento diario, ropa, calzado, educación…, acciones que hoy en día más que difíciles pudieran ser hasta peligrosas.
Por eso esperemos que de estas reuniones de procuradores fronterizos del DIF Tamaulipas surja algo en verdad positivo-
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Hasta mañana