La imputación de la esposa del presidente Sánchez

En ese eterno dilema de qué fue primero el huevo o la gallina, la corrupción, ¿viene adherida como un gen maldito al ADN del ser humano? Aquí en Europa se indaga, si esa corrupción mangante, la pasaron los romanos en su árbol genealógico a los españoles y así llegó a los pueblos mesoamericanos.

          No hay gobierno en la era de la democracia española que no esté salpicado de casos de corrupción. El actual mandatario, el socialista Pedro Sánchez, tampoco está indemne… ya solo falta que lo imputen a él.

          Esta semana, su esposa Begoña Gómez, ha sido acusada de cuatro delitos: malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca. Lleva varios meses siendo investigada por una serie de presuntas malas prácticas aprovechando su posición de ser la mujer del presidente del gobierno de España.

          Su imputación llega en un momento en que ni ella, ni el presidente Sánchez, se encuentran en España; desde el lunes pasado, están de visita de Estado en China; el gobierno sanchista sostiene un desprecio estratégico contra la retórica injerencista y belicista de Trump en Estados Unidos.

          Y, para que se entere bien, lleva varios años buscando un mayor acercamiento con China; de hecho, hay buena sintonía entre Sánchez y su homólogo Xi Jinping y mientras tanto, siguen fluyendo las inversiones chinas sobre todo en energías y coches eléctricos.

          El año pasado, el gigante estatal China Three Gorges, que es el mayor grupo hidroeléctrico del mundo y uno de los mayores inversores en energías renovables, anunció 2 mil millones de euros para invertir en los próximos años en España.

          Este nuevo viaje de Sánchez a China es para traerse nuevos proyectos y negocios estratégicos; y, fundamentalmente, para seguir enfadando a Trump que ve impertérrito cómo sus (ex)aliados europeos cada vez se alejan más de sus políticas fascistas y buscan cobijo bajo las barbas chinas.

          En su comparecencia en Beijing, se le preguntó a Sánchez su postura al respecto de la imputación de su mujer; a él se le veía muy serio, enfadado y desencajado. Con cierto tono de desprecio pidió que la Justicia haga justicia y dijo que esperaba que el tiempo pusiera las cosas en su lugar.

          Ni siquiera la noticia o más bien notición de que el Consejo de Ministros aprobó la puesta en marcha del proceso de regularización de inmigrantes ilegales, opacó del todo la información en torno a la imputación de Begoña Gómez.

          Primordialmente, porque la ultraderecha de VOX, no deja pasar ni una cuando se habla de inmigración para anunciar “la invasión de España” y que los extranjeros solo buscan subsistir de sus subsidios. Y, en segunda instancia, porque el gobierno de manera oficial estima que serán regularizados medio millón de extranjeros y los cálculos de la derecha y ultraderecha, estiman que serán casi dos millones de inmigrantes. Esto es, lo no visto.

A COLACIÓN

          El juez, Juan Carlos Peinado, ha hecho suya la causa de investigación contra la esposa del presidente gracias a una denuncia de Manos Limpias, un sindicato con vínculos de extrema derecha que tiene un historial de utilizar los tribunales para perseguir a quienes considera una amenaza para los intereses democráticos de España.

          También han sido acusados Cristina Álvarez, asistente personal de Gómez y el empresario Juan Carlos Barrabés.  El juez Peinado, en su fallo ha señalado que ciertas decisiones públicas fueron favorables para que Gómez diese una cátedra universitaria.

          “La decisión de acusar formalmente a Gómez llega en un momento delicado para Sánchez, ya que su hermano menor, David, será juzgado el próximo mes por cargos de tráfico de influencias. Según otra denuncia de Manos Limpias, David Sánchez recibió un puesto a medida por parte del consejo socialista de la ciudad suroccidental de Badajoz en julio de 2017, cuando su hermano era el líder nacional del PSOE”, de acuerdo con la prensa española.

          Tampoco se puede obviar, el escándalo más sonado, que también rodea a la figura del presidente Sánchez con los casos de corrupción de su antiguo hombre de toda confianza, el exministro de Transportes, José Luis Ábalos.

            Ábalos quien ya está en la cárcel, junto con su exasesor Koldo García, al parecer tenían toda una trama de sobornos en contratos públicos para equipos sanitarios durante la pandemia del Covid-19. Y, otros contratos, amañados y colocación de las amantes del exministro de Transportes en diversos puestos de trabajo sin mérito alguno. Para resistir el aluvión de casos judiciales, Sánchez igual y se atrinchera en la Moncloa: él quiere en 2027 volver a contender para ser presidente por otro tercer período y casi igualar en años de gobierno al otro socialista histórico, Felipe González.