Después de tantos años de alharaca con el tema del perdón histórico exigido por México a la Corona y al gobierno de España, parece que finalmente llegará el deshielo con la visita de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, este sábado 18 de abril para su participación en el Foro en Defensa de la Democracia convocado por el anfitrión, el mandatario Pedro Sánchez.
Sí, sí ha sorprendido esa repentina confirmación de que Sheinbaum asistirá sobre todo porque todavía hacía unas semanas había vuelto a resucitar el tema del perdón y, nuevamente la derecha y la ultraderecha, se dieron vuelo insultando y denostando al gobierno mexicano.
Creo que por encima de esas diferencias surgidas a raíz de todos los malos entendidos emanados de la famosa carta enviada por el gobierno de López Obrador y el vacío que durante meses y años se creó al respecto, queda ahora restablecer las relaciones gubernamentales entre ambos países en momentos en que hay desafíos internacionales amenazantes que obligan a aparcar las diferencias para luchar por los puntos en común.
La figura de Trump, todo lo que él representa, más todo lo que representa la gente que lo acompaña en su gabinete; por no obviar, a empresarios como Elon Musk que aquí en Europa ya quemó todos sus cartuchos, todo eso que engloban en su postura ideológica, económica, social, cultural y por supuesto política han reanimado, al menos entre los europeos, el fantasma del pasado no muy lejano que tiñó de rojo a Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Sea lo que sea, el fascismo y el nacionalsocialismo y los gobiernos nacionalpopulistas que se han visto envalentonados por esta conjunción en el tiempo de líderes como Putin, Orbán, Trump, Netanyahu cuya mentalidad soberanista les lleva a atropellar el derecho internacional en todos los sentidos.
Y, quedarse quietos ante esta avalancha que coarta la libertad; que impone su propia verdad; que lubrica su propia retórica para lograr sus fines, en medio de toda esta batahola, quedarse callado impertérrito es darle más alas a todos aquellos que se creen por encima de las autoridades; de las leyes; de los gobiernos; de los tratados internacionales y de los organismos globales.
El llamado del mandatario español con este Foro es a moverse y a no quedarse callado… a buscar la unidad entre los pares; y tiene razón cuando menciona que en la actualidad hay mucho en juego: avanzar con medidas progresistas o estancarse y regresar al pasado con medidas regresivas.
Mientras las bombas caen en Irán y Líbano; y Ucrania lleva más de cuatro años con bombas cayendo por todos sitios y Gaza ha quedada derruida tras dos años de bombardeos incesantes; las otras bombas, las ideológicas, nos caen todos los días buscando minar nuestro espíritu y permear en nuestras conciencias.
No falla, la ultraderecha inocula el miedo: al extraño; el inmigrante; al libre mercado; la competencia extranjera… a todo lo que no pueda controlar ni manipular. Es decir, siempre busca minar a la democracia.
Y, en esa diatriba, el presidente Sánchez reunido con los mandatarios de Brasil, México, Colombia y Uruguay quiere lanzar desde su convite progresista y en defensa de la democracia un mensaje a Europa, al mundo y, sobre todo, a Trump.
A COLACIÓN
Al final, el rechazo y el asco que provoca Trump en diversas sociedades está sacando a varios gobernantes de su zona de confort y permitiendo reconciliaciones como las del gobierno de México y España. Será sin duda, una cita interesante que si bien tiene como plato fuerte a este grupo de mandatarios latinoamericanos para el sábado; en realidad, mañana viernes arrancarán las ponencias con políticos y activistas de muchas partes. Por cierto, la política priista de larga data, Beatriz Paredes, tendrá una participación.
Que los gobiernos de México y España tengan una distensión es muy favorable. Eso dará pie para que Sheinbaum regrese a España, esta vez, a Madrid en noviembre próximo para la Cumbre Iberoamericana.
España ha perdido su posicionamiento ideológico, económico y su liderazgo que tuvo en décadas soleadas como las de 1990 a 2000 y de 2000 a 2010. Después, comenzó ha dar pasos atrás, mientras China fue dándolos hacia adelante en la región; lo mismo que Rusia en algunos países.
América Latina ya no es lo que era antes: ahora los equilibrios, si es que los hay o quizá hay que encontrarlos, pasan por el liderazgo de Brasil y la presencia de China. Trump quiere meter mano en América Latina y recuperar su vasallaje influyendo en los procesos electorales: por cierto, que este año, además de Costa Rica y Perú habrá elecciones en Colombia, Haití y Brasil. Qué lejos quedó aquella ensoñación cuando México lideraba a los latinoamericanos y España, mostraba su músculo económico y se llevaba bien con todos. Ahora todo es un desastre en el nuevo (des)orden mundial y por lo menos da gusto que Sánchez y Sheinbaum se den los buenos días.