La esperanza de los húngaros

 Euronews,  como  Oxford   Economics,   se   preguntan   si   el   nuevo gobierno que será formado podrá sacar a Hungría del atolladero en el que se encuentra y llevarlo a la modernización. Diversos   analistas   europeos   advierten   que   persisten   desafíos significativos, como un crecimiento débil, un alto déficit fiscal, baja productividad, reducción de la inversión pública y presiones de competitividad.

          Y, encima, el golpe económico por el shock energético causado por la guerra en Irán que ya augura más inflación. Aunque aún no se ha presentado un programa gubernamental detallado, el primer ministro electo, Péter Magyar, repitió sus planes para revitalizar la economía   húngara,   incluyendo   desbloquear   fondos   de   la   UE;   implementar reformas anticorrupción y restaurar las instituciones del Estado de derecho para reactivar el crecimiento y la confianza de los inversores.

          Oxford Economics estima que incluso una liberación parcial y gradual de fondos de la UE podría generar un impulso significativo de inversión en los próximos   años:   “Creemos   que   desbloquear   solo   los   llamados   fondos estructurales podría añadir entre 0.5 y 0.7 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB entre 2027 y 2030”.

          Magyar ha propuesto un programa económico basado   en la inversión pública y privada a gran escala en infraestructuras y modernización, junto con un entorno político más predecible alineado con los estándares europeos. Y se ha comprometido a introducir el euro para 2030

          De alguna manera, su victoria ha creado un hálito de esperanza para la población húngara, y también hay una repercusión política importante tras la caída en desgracia de Viktor Orbán.

          Recientemente, el Instituto Real de Asuntos Internacionales, Chatam House, destacó en un análisis que podría darse un punto de inflexión en Europa para los movimientos ultranacionalistas que no debería pasar desapercibido.

          “En las últimas semanas, Giorgia Meloni, de Italia, ha sufrido un claro revés con la derrota en el referéndum sobre las reformas judiciales propuestas, mientras que el Reagrupamiento Nacional de Francia no logró fortalecer su posición nacional en el control de las principales ciudades en las elecciones municipales”, remarcó este think tank británico.

          Para los analistas de Chatam House, lo sucedido en Hungría, envía una señal aún más fuerte: “La lección no es que el populismo haya terminado, sino que incluso los sistemas bien arraigados son reversibles cuando dejan de cumplir materialmente y se vuelven demasiado cerrados, demasiado cansados o demasiado egoístas”.

A COLACIÓN

           El declive de Orbán es un golpe para el ultranacionalismo europeo porque su referente ha recibido una paliza electoral; y no favorece de ninguna manera a los intereses regionales ni de la Casa Blanca ni del Kremlin.

          Como primer ministro, Orbán nunca disimuló su sintonía con el líder ruso, Vladimir Putin; de hecho, en varias ocasiones su postura llegó a bloquear el oxígeno financiero de la UE para apoyar a Ucrania frente a la invasión. También, presumió su cercanía con el presidente de Estados Unidos, a tal extremo que fue el primer mandatario europeo en volar a la Casa Blanca para felicitar a Donald Trump.

          La presencia del vicepresidente JD Vance para mostrar el apoyo estadounidense hacia la candidatura de Orbán, el pasado 7 de abril, solo logró profundizar el rechazo de los votantes y el señalamiento desde Bruselas, de un intervencionismo inaceptable de la Casa Blanca.  En contrapartida, Vance llegó a declarar que la UE podría estar preparando una injerencia electoral.

          No obstante, las urnas han puesto las cosas en su sitio: en una jornada de participación histórica con una cuota de 79.5%, el candidato conservador del partido Tisza, Péter Magyar de 45 años y abiertamente católico, obtuvo una victoria arrolladora.

          Para los sueños de reelección de Orbán, ha sido aplastante la debacle para su partido Fidesz, que él mismo cofundó en 1988. De acuerdo con los resultados, Magyar gobernará con una súper mayoría en el Parlamento al contar con 138 de los 199 escaños disponibles. Mientras, que Orbán que en mayo cumplirá 63 años dejará a su partido con una presencia reducida con 54 escaños. Y, Nuestra Patria consiguió siete escaños.

          Así es que son muchas las razones por las que el triunfo de Magyar es relevante no solo para los propios húngaros que cada vez se sentían más lejos de la UE; sino, para el realineamiento de Hungría con los intereses europeos tanto dentro de la UE, como en el ámbito de su política exterior.

          Lo que es un hecho es que Putin va camino de quedarse más solo que la una; el líder ruso sigue perdiendo aliados y está viendo cómo van evaporándose: en América Latina ha perdido influencia en Venezuela y, su eterno aliado simbólico, como es Cuba también está a punto de caer en el tablero norteamericano. Su otro aliado, Irán todavía no se sabe qué pasará finalmente con el régimen y ahora, el rastrero de Orbán ya no estará ahí para Putin