Cada sitio tiene sus claves para todo, y el aspecto de salud y seguridad no es la excepción. Recordamos cuando el teléfono 06 era para llamar a la policía y luego se cambió a 060, sin embargo, se emplea para todo tipo de emergencias, lo que constituye en importante avance y una simplificación para la ciudadanía.
Esperamos nunca pongan los autocontestadores de opción múltiple, porque el servicio es excelente, y con éstos, seguramente, cuando llegásemos a la opción deseada ya se nos hubiera olvidado para qué llamamos.
Ahora que está en boga la campaña de la Cruz Roja Mexicana en nuestro muy querido y añorado país hemos evocado a esos seres que, en forma por demás diligente colaboran para que usted o yo podamos sentirnos bien, tranquilos, atendidos, pero sobre todo, que tienen los conocimientos necesarios para enfrentar una emergencia.
Ajenos y contra nuestra costumbre de utilizar el Facebook para aspectos muy personales, compartimos con muchos amigos los momentos difíciles en que fuimos subidos a una de esas ambulancias que tienen todo, que no eles falta absolutamente nada y que se jactan de ser de las mejores del mundo: el servicio de emergencias de España realmente vale la pena cuando se requiere atender una urgencia.
El columnista ha visto mermada su salud en forma significativa durante este viaje relámpago, en aras de cumplir un compromiso académico y de investigación: la salud nos ha abandonado desde el momento mismo del vuelo, sin embargo, el absurdo sentimiento de querernos sentir más fuertes de lo que realmente somos nos ha llevado a caer en una cama de hospital, lejos de casa, donde nadie nos conoce y la angustia nos abruma con pensamientos poco agradables.
El servicio del 061 fue expedito: legó en forma inmediata al Palacio de Congresos de Huesca para atender el llamado de los colegas de la Asociación de Periodistas de Aragón, a quienes deseamos reconocer su preocupación y atención, así como entregar nuestra gratitud.
Como visitantes a una tierra lejana tenemos muchos aspectos que no son precisamente positivos siempre: hay quien piensa que un viaje de esta magnitud es fantástico, pero, créame, viajar un día y medio, estar dos días y regresar, nada sencillo es, pero cuando nos trazamos una misión investigadora, hay que cumplir con ella, sacrificando inclusive las horas maravillosas con las hijas, con la familia, que es el mayor tesoro que podemos tener.
El trabajo de cualquier forma implica muchas cosas: pasión, gusto, deseo por hacerlo, pero también sacrificios, y el realizar estas jornadas no es precisamente un viaje a las paradisíacas playas de Quintana Roo: hay que sacrificar muchas cosas, y en este caso, la salud pasó factura.
Sin embargo hay que reconocer al equipo médico del Hospital San Jorge de Huesca, donde nos han atendido con “toda la mano”, con la calidad y calidez que se necesita en un servicio de urgencias, y con el deseo de que pronto recuperáramos la salud, lo que, definitivamente, no se ha logrado, pero hay avances significativos.
Hemos recibido a distancia muestras de afecto de nuestros amigos, y eso lo comentamos, no tiene precio, porque son ellos y la familia los que dan sustento y fuerza a lo que tenemos proyectado y hacemos diariamente.
Nos gusta mucho nuestro trabajo, lo disfrutamos, lo amamos, tratamos de entenderlo a diario, y eso nos lleva, malamente, a descuidar aspectos de salud, y como dice un buen amigo: “ya no nos cocemos al primer hervor”, pues.
Sirva la presente para testimoniar el agradecimiento a los colegas de Huesca, al servicio médico de Aragón, y de todo corazón, a quienes de alguna manera han establecido comunicación con nosotros: sus palabras son importantísimas. Y pedimos una disculpa, porque es tema personal y no nos gusta ventilarlos en este espacio, pero como dicen por ahí: “nobleza obliga”. Gracias con el corazón.
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