Comentábamos hace unos días que el presidente Felipe Calderón estuvo en un “Diálogo Ciudadano” con un grupo importante de mexicanos, a quienes respondió algunas de sus inquietudes, y en ciertos casos, los ciudadanos no quedaron muy conformes que digamos. Tal es el caso de las becas y el trabajo, asignatura pendiente que nos puede llevar a vivir situaciones graves como sucede en España, Francia o Grecia, por citar algunos ejemplos.
Estamos conscientes de que es un problema producto de una recesión económica mundial: los Estados Unidos de América también tienen problemas en ese tenor, y la verdad es que nada fácil se antoja para cualquier gobierno el solucionar esta problemática. No hay dinero, no hay fuentes de empleo, y los gobiernos están recortando gastos, aunque ello significa crecer en cifras alarmantes de desempleo que propician el incremento de otros problemas sociales, ligados en muchos casos con actos reñidos con la ley.
Da mucha pena ver a egresados de nuestra Universidad Autónoma de Tamaulipas, del Instituto Tecnológico de Monterrey, de la Universidad La Salle o de la Universidad Autónoma de Nuevo León –por citar solamente algunas- que, luego de una brillante etapa estudiantil, se han graduado… pero siguen desempleados ante la falta de oportunidades laborales en el sector púbico y privado.
Uno de los muchachos que habló con Calderón decía que no era justo estudiar tanto y no encontrar trabajo; su queja tenía que ver con el hecho de que, licenciados en alguna actividad o con nivel de maestría –e inclusive doctorado- no tienen más opción que las que ofrece el mercado laboral: obreros, peones o vendedores, sin que el esfuerzo académico signifique una garantía de trabajo.
Algo habrá que hacerse al respecto, sin lugar a dudas.
Decía Felipe Calderón que para paliar un poco esta situación están otorgando becas para estudios de posgrado, aunque diferimos en la idea, porque lo que nuestros jóvenes requieren es comenzar a labrar su futuro productivo y no académico, que mucho han andado en él.
Suponemos que se debe reforzar el rubro en este sentido, así como eficientar los programas de becas que, al parecer, no funcionan como debieran.
Estudiantes de nivel primaria y secundaria presentaron en 2011 la prueba ENLACE y, por sus calificaciones, se hicieron merecedores a una beca, que fue gestionada allá por octubre y noviembre del pasado año, sin embargo, es fecha que no les llega el recurso. ¿Qué sucede que no les pagan lo que se ganaron?
No pensamos que sea justo el retener los estímulos a los estudiantes; igual sucede con universitarios y jóvenes de bachillerato, que muchas veces ven cristalizado en su cuenta el apoyo casi al final del curso.
Se supone que las becas son para estudiar, y si les llegan al final, es natural que encontremos que muchos ya han desertado por falta de recursos.
En ese sentido, la autoridad educativa del nivel que corresponda debiera hacer algo al respecto, e inclusive, se nos antoja que, en un afán de justicia social, los dirigentes del sindicado más grande de América –SNTE- podrían haber hecho algo al respecto, lejos de pelear por causas totalmente injustas.
Los jóvenes ganaron su beca, justo es que se les pague.
Y de igual manera con los créditos educativos que llegan meses después de haber sido gestionados.
Con el debido respeto, aquí cabe el adagio que reza que, si no se puede apoyar y enfrentar las situaciones de auxilio, mejor no se haga nada.
Entre la juventud, deseosa de administraciones de justicia y bienestar social, nada hay más indigno e injusto que les prometan apoyos que llegan meses muy tarde y en ocasiones no llegan.
Nos hubiera gustado, también, cuestionar a Felipe Calderón del por qué se anunciaron programas de becas a nivel superior y demás, que por cierto, no se han entregado, y, curiosamente, en año electoral. A veces uno se hace mal pensado por las circunstancias que vivimos en forma particular, o lo que es lo mismo: “la burra no era arisca…”
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