Al menos en una ocasión usted y yo hemos padecido los “avances tecnológicos” que nos limitan en la comunicación: cuántas veces no nos indican que marquemos un teléfono LADA 800 y nos dan la bienvenida con una voz idéntica en todos los casos; posteriormente tenemos que escuchar infinidad de frases y opciones: “si va a checar su estado, marque uno, si va a pedir saldos, marque dos, si tiene prisa, marque tres, si no sabe qué hacer, marque cuatro” y así, hasta que, después de varios minutos no tenemos ya idea de lo que queríamos, y alguien nos contesta y, malhumorados, reaccionamos desfavorablemente.
Los sistemas son buenos y eso lo sabemos todos, pero son totalmente inhumanos: no tienen sentimientos ni saben con quién están hablando, o si es alguna persona con angustia o prisa. La banca nacional es el más claro ejemplo de la deshumanización que vivimos hoy en día.
Además, siempre se equivocan a favor, y cuando usted marca los teléfonos de atención al cliente, no tiene más que aguantar lo que nos dicen y una serie de explicaciones leídas de un manual de procedimientos que no tiene nada de humano y sí nos crispa mucho la existencia.
No es fácil vivir en un mundo donde ya los gerentes son casi objeto decorativo porque no tienen poder de decisión, o donde el ejecutivo bancario se convierte en gestor de trámites, porque no puede siquiera poner un comentario que sensibilice a la computadora que hay en el sistema central.
Y aplica a aerolíneas, hoteles, empresas de telefonía, centros comerciales y todo lo que huela a consumo, a atención que no se proporciona.
Deshumanizados a más no poder, estamos padeciendo los “estragos” de la tecnología, porque no hay nada que nos pueda ayudar en ese momento. Insistimos en que la banca comercial es el más claro ejemplo, y específicamente, Scotiabank que se caracteriza por tener bonitas oficinas y helado trato al público, del que comen, por cierto, todos los empleados.
Pasa con Bancomer, con Santander y todas las instituciones que no tienen más que ofrecernos un teléfono de larga distancia “gratuita” y que nos consumirá casi una hora por trámite. Usted lo ha padecido, seguros estamos, pero nadie queremos hacer nada.
Sería muy interesante que en alguna ocasión nos hicieran caso, que nos tratasen como personas con sentimientos e inquietudes y nos escucharan para atender las necesidades que planteamos.
Es increíble lo que se padece cuando, por ejemplo, alguien entra a casa y se roba las tarjetas bancarias: hay que hablar a cada institución donde, además de la pérdida por robo hay que aguantar el “rezo” que nos dice que es una grabación, que se puede grabar la llamada, que cobrarán por la emisión de la nueva tarjeta y demás, cuando lo que queremos es que nos atiendan, así de sencillo.
Hoy en día, los funcionarios bancarios se han convertido en verdaderos burócratas de la banca comercial y no nos dejan muchas opciones a los clientes, que tenemos, insistimos, que aguantar los malos tratos de que somos objeto en todo momento. No se vale, porque finalmente, el mundo necesita de todos en el lugar que nos corresponde.
Sería interesante que se pudiera recuperar el humanismo en las dependencias y negocios, en la banca y la industria, y dejen de tratarnos como máquinas, porque, finalmente, no somos más que seres humanos, pero tenemos mente y sentimientos.
Es difícil aceptarse en el sistema actual como una simple pieza inanimada; sería, insistimos, interesante que existiera un software –programa- que nos permita recuperar la parte humana, y que entonces, nos vuelvan a tratar, a Juan, como Juan; a Pedro, como Pedro; a María, como María, y así sucesivamente, para recuperar la parte humana que la tecnología se ha encargado de arrebatarnos poco a poco, en forma lenta, pero irremediable.
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