Luis Felipe Hernández Castillo es un mexicano oriundo de Jalisco, entidad federativa gobernada por el PAN, mexicano que probablemente sea una víctima del desempleo que ha marcado al gobierno de Felipe Calderón y que seguramente tiene familia a la que debe de alimentar; hoy día, su situación ha cambiado radicalmente.
Convertido de pronto en un homicida, el mundo se le ha venido encima. No estaba asaltando a nadie, no estaba secuestrando a nadie, simplemente su mente la traía hecha un caos, su sique no soportó la crisis económica en la que nos está hundiendo Felipe Calderón y desquiciado como quedó, intentó alertar a todos los mexicanos de las consecuencias por las que estamos pasando bajo la administración panista. Solamente que actuó de la forma menos recomendable.
Luis Felipe Hernández representa el México bronco, significa al mexicano frustrado, incapaz de poder resolver sus problemas económicos ante las imparables alzas que en este gobierno panista se están dando inmisericordemente para hundirnos más en la miseria.
El ahora homicida es la clara representación del actual mexicano cansado de tanta narcodelincuencia. Representa al mexicano que se siente incapaz de poder decirle frente a frente al espurio Calderón; “ya basta de tantas alzas, ya basta de tanta violencia”, “ya basta de tanta inseguridad laboral” y que sólo atinó a pintar “Gobierno de criminales” antes de enloquecer y volverse homicida cuando lo intentaron someter.
Inmerso como ha estado este país en la depredación más horrible de nuestra historia (sólo comparable con lo que el delincuente Hernán Cortez realizó con nuestras riquezas), el México bronco empieza a dar muestras de despertar, tal y como sucedió con el movimiento de Independencia, tal y como aconteció con la Revolución de 1910.
Pero para los panistas, esto no es cierto. Su soberbia los lleva a no aceptar las condiciones en las que están dejando al México actual. Para ellos no existe el México bronco.
Lo acontecido en el metro Balderas de la Ciudad de México el pasado viernes día 18, no debe tomarse a la ligera como ya lo ha hecho el necio de Fernando Gómez Mont, espurio secretario de Gobernación, quien ha afirmado que sólo es un hecho aislado.
¡Gobierno de criminales!, ¿cómo no prestar atención a este grito desesperado que se genera como consecuencia de las acciones llevadas al cabo por el gobierno de derecha que tenemos en el país?
Señores, somos millones de mexicanos que sí vivimos la dura realidad en la que ustedes nos han puesto en estos últimos nueve años.
Somos millones de mexicanos que no ganaríamos ni en dos años esos 180 mil pesos men-sua-les como lo ganan ustedes, principalmente los casi 50 mil funcionarios de “élite” que han venido incrustando en la nómina de la administración pública a costa de nuestro dinero.
Gómez Mont no puede decir que este es un hecho aislado y que las explosiones que se vienen dando en la Ciudad de México, no tienen trascendencia.
Lo acontecido en el metro Balderas, los sucesos donde se han detonado artefactos, las presuntas fallas de seguridad en los aeropuertos, las docenas de muertos habidos todos los días a lo largo y ancho del país, son claros indicios de una acelerada descomposición social que nos está poniendo en el umbral de un nuevo levantamiento social que nos costará mucho a todos los mexicanos.
¡Gobierno de criminales!, ése es el clamor generalizado de todo México y no se le puede dar otro nombre cuando el espurio Felipe Calderón condiciona la entrega de vacunas contra la influenza, a cambio de que le aprueben “su” paquete fiscal, tal y como lo envío al Congreso. No se le puede dar otro nombre después de tantas alzas a los combustibles y después de que en su propuesta fiscal, se reduce el presupuesto a la educación ¡Eso es ser un criminal genocida!
La influenza ha cobrado muchas vidas en el país y las autoridades sanitarias no han sido capaces de controlar adecuadamente esta enfermedad. El alza a las gasolinas ha sido mortal para la economía del pueblo trabajador y sin educación, el mexicano está llamado a ser un simple esclavo.
Condicionar la compra de las vacunas que deben ser aplicadas al pueblo mexicano, es un acto criminal, aquí y en la gran China.
¿Cómo entonces no reconocer que aunque el costo ha sido perverso, muy duro para la familia de los deudos y para el mismo Luis Felipe, éste ha tenido que ejecutar un acto demencial como producto de tanta carencia en el país y hacer escuchar su voz?
A partir del viernes, la vida de este mexicano ya no será igual, como tampoco lo es la de los familiares que han perdido a sus seres queridos a manos de la narcodelincuencia que Felipe Calderón se niega a frenar y que sólo le está sirviendo para distraer millonarias partidas presupuestales, pero sin que exista respuesta favorable y donde sólo se puede presumir el incremento de la lista de fallecidos.
Tenemos ante nosotros una auténtica descomposición social. El poder del estado ya no garantiza estabilidad; el crimen organizado ha rebasado al gobierno, el desempleo se incrementa todos los días y junto con la falta de oportunidades, se ha venido provocando que miembros de la sociedad pierdan el control de sus actos.
Los panistas deben bajar de la nube en la que están viviendo y poner los pies sobre la tierra.
Recordemos aquel pasaje de Alicia en el País de las Maravillas: “Alicia, ¿y dónde váis?”, “A cualquier lado”, “¿Y por dónde iréis?, “Por cualquier camino”.
¡Ese es el rumbo de los panistas!, ¿alguien lo duda?
