El juego no es solamente un juego, ya que favorece el desarrollo integral y armonioso al mismo tiempo que permite desarrollar una serie de valores, experiencias placenteras, investigar, crear, conocer, divertirse, descubrir, y esto y más son la expresión de las inquietudes, fantasías y aprendizajes que provienen de la vida diaria y no necesariamente de las aulas.
Jugando, escribía Huizinga historiador holandés en 1938, fluye el espíritu creador del lenguaje constantemente de lo material a lo pensado.
El juego constituye la actividad fundamental del niño y gracias a esa actividad, los niños consiguen convertir la fantasía en realidad. Por esta razón el juego es una actividad esencial para que el niño se desarrolle física, psíquica y socialmente. El niño necesita jugar no sólo para tener placer y entretenerse sino también, y este aspecto es muy importante, para aprender y comprender el mundo.
Piaget decía que el juego infantil es una actividad cultural que desarrolla la inteligencia.
Hoy en día, el juego también desarrolla un papel determinante en la escuela y contribuye enormemente al desarrollo intelectual, emocional y físico. A través del juego, el niño controla su propio cuerpo y coordina sus movimientos, organiza su pensamiento, explora el mundo que le rodea, controla sus sentimientos y resuelve sus problemas emocionales, en definitiva se convierte en un ser social y aprende a ocupar un lugar dentro de su comunidad mientras desarrolla una serie de habilidades que le permitirán salir adelante en un mundo muy adverso.
La actividad mental en el juego es continua y, por eso, el juego implica creación, imaginación, exploración y fantasía. A la vez que el niño juega, crea cosas, inventa situaciones y busca soluciones a diferentes problemas que se le plantean a través de los juegos. El juego favorece el desarrollo intelectual. El niño aprende a prestar atención en lo que está haciendo, a memorizar, a razonar, etc. A través del juego, su pensamiento se desarrolla hasta lograr ser conceptual, lógico y abstracto.
Mediante el juego, también se desarrollan capacidades motoras como el correr, brincar, trepar, subir o bajar. Al relacionarse con otros niños mediante el juego, se desarrolla y se perfecciona el lenguaje. Los juegos con los que el niño asume un rol determinado y donde imita y se identifica con los distintos papeles de los adultos influyen de una manera determinante en el aprendizaje de actitudes, comportamientos y hábitos sociales.
Es por ello que debemos seguir promoviendo el juego como parte fundamental de la educación y formación y sobre todo promover juegos que permitan el desarrollo físico, mental y social de los niños y niñas de hoy. Por el bienestar de los niños y niñas, déjalos jugar todos los días, y participa con ellos de su fantasía.
Fuente:
cronica.com.mx


