œQue nadie se quede atrás Lema del Dí­a del Sí­ndrome de Down

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Las organizaciones de Sí­ndrome de Down alrededor del mundo organizan y participan en eventos para concienciar de la existencia y necesidades que el Sí­ndrome de Down provoca.

El sí­ndrome se descubrió en 1959 como un desorden de cromosomas y es un tema de actualidad permanente al afectar en el dí­a a dí­a de forma muy variada en un amplio rango de personas en todo el mundo. Se calcula que uno de cada 733 bebés nacen con este sí­ndrome. Sólo en Estados Unidos hay más de 400.000 personas con este sí­ndrome.

La fecha fue seleccionada por la Down Syndrome International ya que el níºmero es significativo de la triplicación del vigesimo primer cromosoma (mes 3, dí­a 21). La idea original fue propuesta por Stylianos E. Antonarakis, médico genetista en Suiza y adoptado por ART21, su grupo de pacientes.

El sí­ndrome de Down es una combinación cromosómica natural que siempre ha formado parte de la condición humana, existe en todas las regiones del mundo y habitualmente tiene efectos variables en los estilos de aprendizaje, las caracterí­sticas fí­sicas o la salud.

El acceso adecuado a la atención de la salud, a los programas de intervención temprana y a la enseñanza inclusiva, así­ como la investigación adecuada, son vitales para el crecimiento y el desarrollo de la persona.

En diciembre de 2011, la Asamblea General designó el 21 de marzo Dí­a Mundial del Sí­ndrome de Down para unificar la lucha contra esta enfermedad.

La Asamblea General decidió, con efecto a partir de 2012, para observar Mundial de Sí­ndrome de

El Sí­ndrome de Down afecta a todas las razas y niveles económicos por igual y se calcula que aproximadamente uno de cada 1,000 bebés nace con este trastorno.

Se caracteriza por una inteligencia que se define como un CI o Cociente Intelectual de 70 o menos, que impide que la persona aprenda correctamente. Esta manifestación en ocasiones se empieza a notar cuando los niños acuden a la escuela, sin embargo desde que nacen presentan algunos rasgos fí­sicos que los caracterizan.

Es un problema complejo, ya que cerca de 30 a 50 por ciento de los bebés con el Sí­ndrome de Down, también tienen defectos congénitos del corazón y muchos presentan deficiencias en sus capacidades visuales y auditivas, malformaciones intestinales, que generalmente se corrigen con cirugí­a y otros problemas de salud.

La gravedad de todos estos problemas varí­a de caso a caso, pero atendidos adecuada y oportunamente los niños y niñas pueden desarrollarse adecuadamente fí­sica y socialmente.

En México, se calcula que aproximadamente existen alrededor de personas con Sí­ndrome de Down. Sin embargo con tratamientos especiales la esperanza de vida para ellos es más o menos de 55 años y la mayorí­a pueden integrarse a la sociedad fácilmente.

El origen de la enfermedad es totalmente genético y no se conocen las causas, empieza cuando se fusionan el óvulo con el espermatozoide. Normalmente cada una de las células sexuales contienen 46 cromosomas, pero hay ocasiones, en que sin saber la causa, aparece un cromosoma extra en cada célula, el conocido como cromosoma 21, que da origen al Sí­ndrome de Down. Esto se conoce como trisomí­a 21, debido a la presencia de tres cromosomas 21 en la cadena genética.

Si alguno de los padres padece esta enfermedad, aumenta el riesgo de que alguno de sus hijos o hijas también lo padezca, sin embargo cualquier pareja sin antecedentes, puede estar en riesgo de que hijo o hija lo hereden.

La mayorí­a de los niños, niñas o adultos que padecen el Sí­ndrome de Down, pueden presentar algunos o varios de los signos y sí­ntomas que los caracterizan, como:

– Ojos rasgados y sesgados hacia arriba.
– Nariz con el puente nasal plano.
– Oí­dos pequeños y un poco doblados.
– Su boca puede ser pequeña, haciendo que la lengua aparezca grande.
– Algunos bebés, presentan cuellos cortos.
– Manos pequeñas, con dedos cortos.
– Baja estatura.
– Debilidad o flojedad extraña en las articulaciones.
-Retraso mental de leve a grave, segíºn el caso. Menos del 10% presentan retraso mental grave.

Gracias a los avances médicos, el Sí­ndrome de Down, puede identificarse y diagnosticarse desde antes del nacimiento mediante un procedimiento llamado amniocentesis, por ultrasonido y otros exámenes prenatales..

Esto favorece a los padres quienes pueden desde ese momento prepararse, tomar decisiones e informarse bien sobre la enfermedad y sus consecuencias familiares, sociales y en los niños o niñas afectados.

Estos exámenes están recomendados para mujeres mayores de 35 años, menores de 20 o si existen antecedentes familiares de trastornos genéticos.

Si no se detectó el problema antes del nacimiento, algunos signos son evidentes desde el momento en que nace el bebé, pero otros aparecen hasta que se manifiesta un retraso en el desarrollo normal. Durante el examen médico de rutina que todo niño debe tener, se buscan primero los rasgos fí­sicos caracterí­sticos, como una cabeza demasiado grande o muy pequeña.

Posteriormente, para confirmar el diagnóstico, se realizan una serie de exámenes de sangre y orina y algunos estudios cromosómicos, de enzimas y hormonales, así­ como con radiografí­as o gammagrafí­a TC y con un encefalograma que permite medir los impulsos eléctricos de las células cerebrales.

Conforme los niños y niñas crecen se pueden observar de forma más precisa los rasgos fí­sicos caracterí­sticos del Sí­ndrome de Down.

El tratamiento de niños y niñas con Sí­ndrome de Down depende del nivel de daño que tenga cada uno y en todos los casos se requiere de atención especial, sin embargo debe ser integral y abarcar tanto los aspectos fí­sicos, como los sicológicos, educativos y emocionales.

La fisioterapia y otras terapias como la danza, el arte y la míºsica, que los proveen de mayores medios de expresión y ayudan a mejorar su conducta y habilidades motrices son muy íºtiles en su tratamiento.

La terapia familiar es un aspecto muy importante, la aceptación del niño o niña con Sí­ndrome de Down y el adecuado manejo de sentimientos y emociones, son factores que ayudan enormemente a mejorar la educación y calidad de vida.

Es importante incorporarlos a la sociedad y dejar que participen en todas las actividades familiares y sociales en la medida de sus posibilidades, alabando sus éxitos y haciéndolos sentir íºtiles.

Dado que este problema es genético y se desconoce cuál es el origen de la aparición de un cromosoma extra durante la fecundación del óvulo y además es importante comprender que cualquier persona, en cualquier lugar del mundo y de cualquier condición social, tiene el riego de concebir un hijo o hija con Sí­ndrome de Down, hay algunos factores de riesgo que deben tomarse en cuenta, como:

– Si ya se ha tenido anteriormente un hijo o hija con Sí­ndrome de Down.

– La edad de la madre, es decir ser mayor de 35 años de edad o menor de 20 años.

– Si alguno o los dos padres son adictos, alcohólicos o fumadores.

Aunque son pocos los casos de personas con Sí­ndrome de Down que contraen matrimonio, un riesgo es que los padres que padecen Sí­ndrome de Down, pueden concebir un hijo o hija con el mismo problema.

Fuente:
cronica.com.mx