Une esfuerzos con un doctor o profesional de la salud. Ambos deben desarrollar un programa personalizado que sea adecuado para ti. Colaborar con doctores generales puede ser difícil si no tienen un buen conocimiento del SFC. El SFC cuenta con un índice bajo de diagnóstico;[1] no obstante, aproximadamente 1 de cada 250 personas lo padecen.[2] Si los doctores no tienen un conocimiento profundo del SFC, podrían realizar un diagnóstico equivocado y confundirlo con depresión, el trastorno de ansiedad generalizada o una enfermedad psicosomática. Incluso si el diagnóstico es exacto, existe la probabilidad de recibir un tratamiento inadecuado, salvo que el doctor cuente con experiencia previa y conocimiento sobre el SFC.
El tratamiento que recibas contra el SFC debe incluir a una gran variedad de terapeutas, consejeros y especialistas que pertenezcan a campos determinados. Estos son algunos de los síntomas que podrían requerir una atención especial:
disminución de la energía o entusiasmo que obstaculiza las actividades cotidianas comunes;
pérdida del ánimo, la independencia y la seguridad económica;
sensaciones de ansiedad, furia o culpa;
problemas de memoria y concentración;
dificultades en la intimidad y las relaciones sexuales.
Siempre consulta con un profesional de la salud sobre las terapias nuevas y alternativas. Existen muchas terapias que se denominan “curas rápidas”, pero que en realidad podrían ser más perjudiciales que beneficiosas.[3]
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2
Recurre a la terapia cognitivo conductual (TCC). Se ha demostrado que la TCC es bastante útil en el tratamiento del SFC.[4] El objetivo de esta terapia consiste en ayudarte a afrontar mejor el SFC. Podrías aliviar o controlar mejor tus síntomas del SFC si conversas sobre la experiencia, le brindas significado y descubres cuál podría ser la causa.[5]
Podría ser de utilidad escribir un diario en donde registrar tus pensamientos y experiencias en la semana previa a tu sesión de TCC. Esto te permitirá consultar ejemplos o situaciones específicos en los que hayas sufrido un periodo de agotamiento, o en los que hayas mostrado una mayor aceptación de tu SFC.[6]
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Únete a un grupo de ayuda o asiste a terapia en grupo. Tal como la TCC, la terapia en grupo brinda la oportunidad de conversar sobre tus experiencias con alguien a quien le importen. La diferencia es que puedes escuchar las experiencias de otras personas con SFC y aprender de ellas. Esto será de utilidad para lograr que la experiencia se vuelva algo normal, y para brindarte un conocimiento sobre otras maneras de lidiar con la enfermedad. La terapia en grupo puede hacer que la persona obtenga un sentido de pertenencia y comunidad.[7]
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4
Busca oportunidades para informarte. Muchas personas no tienen conocimiento del SFC o sienten confusión en torno a sus causas y síntomas. Conversa de manera abierta sobre tu condición con tus amigos y familiares. Ellos pueden ser una fuente de apoyo importante. Debes tener paciencia, pero ser firme, cuando expliques qué es lo que estás afrontando a nivel personal y qué es lo que la comunidad médica en general ha concluido.
Uno de los muchos mitos sobre el SFC es que se trata de una enfermedad psicosomática o imaginaria que surge a causa del estado mental de la persona. Muchos consideran que las personas con SFC pueden simplemente librarse de él o curarse tan solo cambiando su actitud.[8] Debes mantenerte alerta para identificar este mito pernicioso e indicarle a sus defensores que el SFC es una condición grave que cuenta con una sólida base sustentada por la ciencia médica.
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Parte 2 de 3:
Afrontar los síntomas específicos
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1
Vuelve a desarrollar tu capacidad para concentrarte. Un rasgo característico habitual del SFC es la incapacidad de concentrarte en la información verbal, escrita o visual. Podrías tener dificultades o ser totalmente incapaz de seguir indicaciones, hacer varias tareas al mismo tiempo o realizar una acción que requiera un conjunto de pasos.[9] Puedes volver a desarrollar tus niveles de concentración con tratamientos conductuales o medicinales.
Los ejercicios de concentración conductual incentivan a la persona a practicar juegos de palabras y de otro tipo. El proceso puede volverse más divertido si resuelves crucigramas, o si juegas Scrabble o juegos similares.[10]
Una cantidad adecuada de horas de sueño profundo y reparador pueden ayudarte a concentrarte.
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2
Usa medicamentos. Existen muchos medicamentos de venta con y sin receta que pueden aliviar el dolor, los problemas cognitivos y otros síntomas del SFC.[11] Siempre consume medicamentos siguiendo las indicaciones y consulta con el doctor si sufres algún efecto secundario adverso.
Se ha demostrado que algunos antidepresivos causan efectos bastante prometedores para el alivio del SFC. Además de curar la depresión que suele brotar con el SFC, estos medicamentos pueden aliviar el dolor y mejorar la calidad del sueño.[12]
Klonopin es un medicamento de venta con receta que puede fomentar la concentración y eliminar las dificultades para pensar (“brain fog”) que suelen experimentar las personas con SFC.[13] Consulta con el doctor si el Klonopin u otros tranquilizantes podrían ser de utilidad para ti.
Las personas que padecen del SFC podrían mejorar su concentración al consumir estimulantes (como los medicamentos empleados en el tratamiento del TDAH), ya que los síntomas suelen coincidir.[14]
Las píldoras para dormir se emplean con frecuencia como un medicamento para el SFC, ya que las personas que sufren de esta enfermedad tienen dificultades para dormir y el sueño las hace sentirse menos recuperadas de lo que se sentían cuando no sufrían del SFC.[15]
Tu tratamiento para el SFC podría incluir el uso de medicamentos, pero esto no debe ser lo único que emplee. Además de consumir medicamentos, recurre a tratamientos alternativos.
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3
Alivia tu dolor. El dolor puede ser el factor más debilitante del SFC. Podrías sufrir de dolores de cabeza, sensibilidad al tacto o dolor en los músculos y las articulaciones; en cualquier caso, aliviar el dolor debe ser la principal prioridad de todo régimen de tratamiento del SFC.
Puedes controlar tu dolor con medicamentos para el dolor de fácil acceso, como la aspirina, el ibuprofeno o el paracetamol.
Puedes mejorar tu circulación y aliviar el dolor con masajes terapéuticos.[16]
Los ejercicios de respiración profunda pueden ser de utilidad para bloquear el dolor. Si respiras de una manera concentrada y voluntaria por un tiempo prolongado, esto puede aliviar el dolor y otros fenómenos. Siéntate, cierra los ojos y mantén ambos pies en el piso. Luego inhala profundo, aguanta la respiración y exhala con lentitud hasta respirar 30 veces.
Entre los tratamientos con calor tenemos a las botellas de agua caliente, las compresas calientes, los baños con agua tibia o los protectores de colchón con calefacción. Estos pueden ser de utilidad para relajar los músculos y aliviar el dolor.[17]
Entre los tratamientos con frío tenemos al uso de paquetes de hielo o bolsas de vegetales congelados en las áreas que generan dolor. No emplees tratamientos fríos por más de 15 a 20 minutos en una sola área.[18]
Algunos quiroprácticos indican que la manipulación espinal puede mejorar los niveles de energía y aliviar el dolor.[19]
La acupuntura también brinda beneficios, según la gravedad del dolor.[20]
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Parte 3 de 3:
Cambiar tu estilo de vida
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1
Haz actividad física. Haz ejercicios ligeros como mínimo 30 minutos al día. Nadar, manejar bicicleta y correr son buenas opciones.[21] También puedes probar lo siguiente:
técnicas de relajación muscular y respiración profunda;
ejercicios de estiramiento;
yoga;
tai chi.
No te agotes demasiado al ejercitarte, pero cerciórate de que tus ejercicios sean lo suficientemente enérgicos como para obtener los beneficios para la salud.
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2
Modifica tu dieta. Puedes aliviar los síntomas del SFC si consumes una dieta rica en fibra, granos integrales, nueces, semillas, frutas y vegetales. No consumas alimentos refinados ni alimentos con un alto contenido de azúcar, sal y grasa saturada.[22]
Consume 5 o más porciones de frutas y vegetales al día.
Dos de las tres comidas diarias deben contar con porciones moderadas de carne, soya, pescado o alguna otra fuente de proteínas.
Tus comidas deben contar con alimentos ricos en almidón que tengan un índice glucémico bajo. Entre estos podrían estar el pan, el cereal, las papas y el arroz.
Además de las tres comidas diarias, consume varias porciones pequeñas con más frecuencia. Muchos pacientes con el SFC notan que consumir un bocadillo cada 3 o 4 horas es de utilidad para saciar los antojos de alimentos y mejorar la energía.
Procura no comer en exceso. Los pacientes con el SFC suelen pensar que pueden mejorar sus niveles de energía al consumir más a la hora de la comida. Asimismo, muchos medicamentos para el SFC deben consumirse junto con alimento. Estas condiciones pueden hacer con facilidad que sufras de sobrepeso.[23]
Consume agua en cada comida. Bebe un mínimo de 8 vasos diarios.
Restringe tu consumo de bebidas con cafeína. La cafeína es un estimulante que puede perturbar los ritmos biológicos y evitar que duermas toda la noche. No debes consumir gaseosas ni café.
El alcohol debilita al sistema inmunitario del cuerpo y agrega una carga innecesaria que el hígado tendrá que procesar. El sistema inmunitario y el hígado de los pacientes con el SFC cuentan con un desempeño inferior al óptimo. El alcohol puede llevar a un punto crítico al cuerpo afectado por el SFC, ya que el alcohol tóxico ingresará en el torrente sanguíneo y generará niveles de energía mucho más débiles.
https://www.google.com.mx/amp/es.m.wikihow.com/tratar-el-síndrome-de-la-fatiga-crónica%3Famp%3D1


