En tiempos electorales es común ver una serie de comentarios acerca de los candidatos idóneos: no hay, a la fecha, uno que tenga todas las cualidades necesarias para gobernar, ni como presidente de la República, ni como senador o como diputado federal; la parte humana destaca y afloran virtudes y defectos, a veces, más las primeras pero en ocasiones más los últimos.
En Tamaulipas se hacen ya muchas cosas por buscar a los mejores hombres de cada instituto político. Algunos, consideran tener los merecimientos necesarios para ser postulados, aunque es muy probable que no hayan tomado suficientes “baños de pueblo”, es decir, no conocen realmente la problemática ciudadana, no saben de las carencias de gente que, como cualquier mexicano, se angustia porque la tortilla subirá de precio o porque la gasolina sigue una espiral inflacionaria imparable.
A veces esta gente se ha olvidado de lo que es una pesera o un mercado rodante. Otros piensan que por tener antecedentes familiares, por herencia les ha llegado la sensibilidad política, y se han encerrado en una grande y lujosa burbuja de cristal que les impide conocer los temores ciudadanos.
Los partidos políticos tienen ante sí la importante tarea de buscar a sus mejores hombres y darles la oportunidad de que sirvan a los demás, en un afán de acreditación política, es decir, que se pueda recuperar la credibilidad perdida a través de los años.
En esta lucha encarnizada, algunos optan por la descalificación sistemática, pero otros consideran que hay que llevar a cabo un trabajo social profundo que les permita captar lo que se requiere para, en caso de llegar, proponerlo en las instancias correspondientes.
Los requisitos son muchos, y en ese sentido el Instituto Federal Electoral, en un afán completamente parcial ha manejado distintas versiones: ya descalifica algunas acciones que son avaladas por el sistema que actualmente nos ocupa, o de plano, prohíben actividades a algunos que no son censuradas para otros. Recomiendan la lectura de los reglamentos correspondientes para saber a qué se atienen.
Pero los requisitos que pensamos, deberían ser básicos, independientemente de la búsqueda de elementos que tengan sensibilidad social y no piensen en la política como un negocio únicamente, que sepan qué pueden hacer realmente por los demás, deberá contener otros elementos importantes.
La honestidad en todos sentidos deberá ser fundamental: ya no queremos gente que se enriquezca en forma insultante en poco tiempo sin merecerlo, pero tampoco queremos tráfico de influencias.
Los ciudadanos buscamos en nuestros candidatos a gente que nos entienda, que sepa qué se debe hacer y pugne por hacerlo. Que no nos engañen más como ha sucedido con la lucha por bajar las tarifas de la Comisión Federal de Electricidad.
No queremos revoltosos que para todo hagan mítines o manifestaciones que entorpecen el tráfico y la vida de los ciudadanos, no queremos a organizadores de marchas que dejan en su penoso recorrido una serie de destrozos en comercios, inmuebles, automóviles, en alguna que otra persona y un arreglo económico con los pseudo-líderes que venden sus movimientos a quien les da dinero.
Queremos gente que esté comprometida y exija al gobierno una solución a la problemática ciudadana actual, queremos candidatos que conozcan la entidad y no se olviden de nosotros a partir de la elección, queremos gente, gente sencilla y que no le de pena tratar con ciudadanos de cualquier estrato social.
Los requisitos básicos deberán emanar de las exigencias ciudadanas, y para ello, los dirigentes de los partidos políticos seguramente estarán trabajando en forma por demás intensa, porque quieren ganar, y nosotros queremos que nuestra problemática acabe. Así de claro. Olvídense de otros factores que deciden, y piensen más en nosotros, los que votamos.
Comentarios: [email protected]
Atentamente: Dr. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!