Se dice fácil pero no lo es, lo sabemos: los hábitos alimenticios no se pueden cambiar de la noche a la mañana y los expertos lo saben, a menos que haya un gran susto en la salud.
El doctor Felipe Casanuueva Freijo, que dirige la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, y que mencionamos hace unos días, nos regaló una excelente conferencia a los que tuvimos oportunidad de asistir al foro organizado por el diario santiagués “El Correo Gallego”. Puso como comparación a nuestros vecinos de los Estados Unidos de América, referente mundial de obesidad y comida chatarra; pese a ser la potencia que presumen de ser a diario, son una nación con verdaderos problemas de salud que se multiplican en daños cardiovasculares.
Recordó que hay sitios en esa nación donde la obesidad se cuenta hasta en el 30 por ciento de sus habitantes, y que los cambios en el mundo se reflejan perfectamente con los americanos: comida barata y rica en energía y trabajo que no usa energía: falta de ejercicio e ingesta excesiva, en otras palabras.
Hablaba de la forma en que hemos cambiado con los niños: antes, salíamos a la calle a jugar a la pelota o alguna otra cosa, cuando hoy los nuestros están en consolas, ordenadores o con el celular, sin realizar actividades físicas, y eso es grave, porque nos presenta datos realmente asombrosos.
Dice el doctor Casanueva que somos un planeta muy difícil de entender: hay mil 200 millones de habitantes que no comen y están en riesgo de desnutrición y de fallecimiento, y hay, también, mil 200 millones de habitantes que comen demasiado, es decir, la mitad muere por comer poco y la otra mitad por los excesos, así de claro.
300 millones de obesos y mil millones de gente con sobrepeso son las cifras, y recalca que la llamada “comida chatarra” nos está matando ante la complacencia de autoridades de todo el mundo; por su sabor, precio, cultura y tabúes, se consume en demasía, ya que eso les otorga el estatus de “buenos americanos”. Como que comer hamburguesas, pizzas y esos maxi vasos de refresco los ubica como “ciudadanos modelo de su país”, y la verdad, dista mucho de ser el estado de excelencia.
En 2010 hicieron un estudio con casi 20 mil pacientes de primer nivel de atención, resultando el 28 por ciento con obesidad, 39 por ciento con sobrepeso y solamente 33 por ciento con un peso considerado normal; 72 por ciento presentó la llamada obesidad abdominal, que no es más que tener “panza desproporcionada”, como diríamos en México.
22.9 por ciento de los españoles sufre de obesidad: entre 18 y 44 años lo padece un 15 por ciento, contra el 27.8 por ciento de los de 45 a 64 años y 35.1 por ciento de los mayores de 65. Se piensa que los adultos mayores pueden tener su sobrepeso y no les afecta. Nada hay más alejado de la realidad, porque es un factor determinante en casos que se presenta a diario de infartos y otros problemas, incluyendo diabetes mellitus e hipertensión arterial, “nuestros” asesinos multitudinarios en América Latina y el mundo.
En niños el panorama cambia un poco: 0.7 por ciento delgados, 54.1 por ciento, normales; 26.1 por ciento con sobrepeso y 19.1 por ciento con obesidad, o sea, 45.2 de cada cien niños tienen más kilos que los debidos.
Y recalcó que el problema de los críos se debe principalmente a que no hacemos nada por que hagan ejercicio, valga la redundancia. El niño obeso tiene grandes posibilidades de convertirse en adulto obeso, lo que incrementará los problemas de salud de las nuevas generaciones, y cuestiona nuestra función, porque, dice, será la primera ocasión con la generación de nuestros hijos que, en general, morirán antes que sus padres si no ponemos un remedio. Suena fuerte, pero el problema es bastante fuerte, lo que pasa es que no queremos entenderlo, y preferimos seguir con las hamburguesas, pizzas, gorditas y demás. No son malas, pero hay que medir lo que comemos, combinarlo con ejercicio y no habría problema. La solución es de todos nosotros, no de la autoridad.
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